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Rodolfo Mederos

“La música tiene un leguaje propio”

Por LUIS RAÚL CALVO y DANIEL CALMELS

 

Reportaje exclusivo de GAALC a uno de los músicos más importantes de nuestro medio. Las respuestas de Mederos en esta nota, representan una concepción particular sobre el arte en general, con los conflictos propios que le genera al creador su propia obra.

G.A.: ¿Cuándo se produce tu primer acercamiento a la música?
R.M.:
A los ocho años. Había un vecino que vivía enfrente de mi casa y que tocaba el bandoneón. Un día hizo una reunión en su casa a la cual fuí con mis padres, y en un momento determinado me puso el bandoneón en las rodillas. Ese fue mi primer contacto con este instrumento que luego me acompañaría toda mi vida.

G.A.: ¿Quiénes fueron tus maestros?
R.M.:
Bueno, posteriormente a esto que les comento, mis padres me mandaron a estudiar con un profesor, estuve cuatro años con él pero fue un estudio mal hecho. Recuerdo que durante un cierto tiempo me prohibió tocar tangos, tenía que hacerlo a escondidas. Cuando cumplí doce años nos fuimos con mis padres a Córdoba y ahí estudié con otro maestro pero sin mucha mayor suerte que con el anterior. Pero yo ya tocaba, no tenía una técnica depurada pero se ve que no era tan tonto.

G.A.: ¿Cómo es tu relación con la poesía?
R.M.:
La asociación de la música a otro lenguaje, por ejemplo la poesía, las letras, el cine o el teatro, no es una tarea que me estimule, será quizá porque no me siento muy apto, pese a que hago música para películas y hago canciones, pero no me siento pleno, tal vez porque la música tiene un lenguaje propio.
Hay dos tipos de música : la música pura o la música de programa, que es la que se ajusta a un lenguaje extramusical : poesía, teatro, cine, etc y está obligada a seguir una línea de narración que le impone a la música cierto forcejeo. Con esto no quiero decir que la música de programa tenga menos jerarquía que la música pura, porque hay muy buena música de cine, hay muy buenas canciones.
De todos modos, la música tiene autonomía en la medida que no se asocia a otras artes, ante las cuales la música pasa a ser acompañante.

G.A.: También ocurre que cuando uno escucha una música en forma individual siempre va asociada a una imagen…
R.M.:
Está bien, pero esto lo que denota es una escasa capacidad de abstracción del oyente común, quien generalmente necesita referir sentimientos a esa música, porque para él la música es triste, alegre o agresiva y en realidad la música no pretende demostrar nada, porque como todo el arte, es lo más inútil que existe.
Yo soy de las personas que no puede oir la letra, generalmente no recuerdo ninguna. Normalmente, a la gente le ocurre al revés y la letra le sirve ya que es un lenguaje que utiliza palabras habladas y esto de alguna manera lo tranquiliza.
Generalmente, las músicas funcionan porque tienen el reconocimiento inmediato de la letra. La música instrumental en el mercado de la música es la música que menos funciona a nivel comercial y está limitada a un público muy específico.

G.A.: Con algún tipo de poesía pasa algo muy similar, la gente quiere entender racionalmente el poema…
R.M.:
Claro, e imagino que también debe pasar con una pintura. Ver una casa o una manzana aunque sea en estilos diferentes, tranquiliza mucho más que ver una abstracción, donde uno se puede quedar solamente con la sensación.
Decía un compositor de la primera mitad de este siglo que el ser humano tiene dos tendencias opuestas, dos fuerzas que operan en oposición. Una fuerza es la que lo impulsa a repetir estímulos agradables, que son así porque son conocidos, entonces hay una tendencia en uno a volver a escuchar esa música, a volver a caminar por esa calle, a volver a ver tal película, a volver a repetir cosas. Hasta aquí no es pecaminoso y puede llegar a ser entendible.
El problema es.que muchos se quedan con esto porque lo agradable es agradable por conocido y lo conocido da seguridad. Esta actitud de buscar sólo lo confortable lleva a una mediocridad…

G.A.: Con esta actitud se evita la posibilidad de acceder a situaciones de riesgo…
R.M.:
Claro, justamente, porque la otra fuerza o tendencia es la de producir estímulos desconocidos. Lo desconocido es eso, lo inseguro, lo incierto, y lo pone a uno en una situación de riesgo, -como ustedes dicen- en la medida en que esto desconocido a uno lo modificaría.

G.A.: ¿Cómo ves que actúan estas dos tendencias en tu producción musical?
R.M.:
Esta es una lucha que yo también tengo. Si bien escribo música y esto me hace más conocedor de cierta técnica, esto no me separa de las bajezas del ser humano, es decir, no me hace un ser mucho más sublime. Es una lucha realmente, y ahora entraríamos en el terreno de la confesión más íntima. Si esto es así como dijimos, hay también un mercado, hay también una industria que apadrina esto. En la medida en que uno produzca un hecho artístico de cualquier naturaleza que esté en oposición con lo que está establecido, está oponiéndose a todo un establecimiento y entonces tiene que pagar un precio : el precio del desconocimiento, el precio de la burla, el precio de la incomprensión. Lo vemos en Piazzola, en Lola Mora, en Van Gogh, en Copérnico, para citar algunos ejemplos. Lo que actúa como oposición es castigado de alguna manera.
Tengo adentro mío un tribunal muy severo que generalmente termina descalificando todos esos gérmenes que han surgido de músicas que supuestamente tienen una proximidad con esto que llamamos certidumbre y entonces intento escapar, pero cuando forcejeo la huida, generalmente no llego a buenas situaciones ni de un lado ni del otro. En general, las cosas me salen bien cuando esto no está planteado de antemano, cuando puedo trabajar más espontáneamente, que en realidad son los momentos más efímeros.

G.A.: Ahora, el que te escucha y no conoce estas músicas tuyas, no conoce “Nuestros hijos” o “Todo ayer” -para citar dos ejemplos- puede pensar que son músicas tradicionales, y en realidad no es el tango tradicional. Vos de lo que estás hablando es de una repetición de cierta música que no hace mucho tuvo un lugar de vanguardia. Es un monto de exigencia grande en ese sentido…
R.M.:
Sí, es cierto, pero yo me instalo en otro plano. A lo mejor es muy soberbio esto que voy a decir, pero es lo que me pasa. A mi no me preocupa si esto es vanguardia o no dentro de un género, que seguramente lo es, como lo de Piazzola. Yo me sitúo en un plano más universal y digo ¿Esto en la música que significa?. Y bueno, esto significa fines del 1700. La armonía que utilizo está totalmente superada, a eso me refiero. La música de Piazzola -que me encanta- resultó moderna, pero en el tango, porque Chopen o Arolas en el año 25, había hecho cosas más modernas. Con esto no quiero descalificarlo, porque insisto que me gusta mucho, pero los elementos estrictamente musicales que utiliza, los elementos técnicos de su composición, no son modernos, ya existían en la música dos siglos atrás.

G.A.: ¿Desde cuándo ejerces la docencia?
R.M.:
Desde hace 20 años. En realidad, empecé a tener alumnos por una necesidad económica. Concretamente, necesitaba algo alternativo a los conciertos, que representara un sustento para todos los días. Con el correr del tiempo, me comenzó a gustar y aprendí a enseñar. Adecué toda una terminología, toda una sintaxis, toda una metodología. Ahora descubro con orgullo y con un poco de vergüenza -porque no quiero que se lo tome como una pedantería- que comienzo a ser considerado como un maestro importante, incluso en el exterior. Tengo mucho amor para enseñar y me vinculo muy bien con la gente.

G.A.: ¿Tus proyectos futuros?
R.M.:
Seguir con el quinteto, que es la formación actual; también tengo la idea de incursionar en el exterior. En el resto del mundo la Argentina es Maradona y el tango.

Piazzola en el recuerdo
…Allá por el año ’59, ’60, había armado un grupo rarísimo en Córdoba, con timbales, flauta, guitarra eléctrica, cuarteto de cuerdas y bandoneón, muy apuntando a la estética de Piazzola, quien justamente viaja a Córdoba con su quinteto. Allá, le hacen escuchar una grabación casera que habíamos hecho en la radio, comentándole a él, que yo era el crédito de Córdoba. Astor se quedó loco y me quiso conocer. Charlamos y me dijo de ir a Buenos Aires, pero yo era muy tiernito y aparte tenía la biología -carrera que estaba cursando-institucionalizada en mi cabeza.
De todos modos, paralelamente a mis estudios seguí escribiendo y al año siguiente Piazzola vuelve a Córdoba para tocar en un teatro grande y le pide a la dirección del teatro que me localicen para abrir el concierto con mi quinteto. El teatro se colmó de público y tocamos como media hora con un éxito total. Después del concierto, nos fuimos caminando con Astor y un grupo de gente y me vuelve a insistir para que vaya a Buenos Aires. Yo le planteé mis dudas, ya que estaba estudiando biología y recuerdo que él, con esa actitud paternalista que tenía conmigo me dijo “Dejá la biología para los biólogos, vos sos músico”. A los 15 días estaba instalado en una pensión en Buenos Aires, tratando de abrirme camino en esta ciudad.
Esto fue en el año ’65 y Astor me ayudó a buscar músicos, a conectarme con gente. Los comienzos fueron muy duros, comencé tocando en cantinas, por el plato de comida…

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