Letras

Acerca del decir en la Poesía, La Filosofía y el Psicoanálisis

Por el Dr.CARLOS A.PASQUALINI

 


¿Por qué esta trilogía encabeza la modesta pretensión de este trabajo?
Tal vez porque en las altas cumbres del pensamiento hay picos destacados que en el respeto de sus diferencias, se mantienen muy cercanos.
Decires comunes de un “otro” pensar” en las voces de Martín Heidegger, Friedrich Nietzsche, Friedrich Hölderlin y Jacques M. Lacan.
“Otro pensar” nos llega desde el más grande filósofo del siglo XX, empeñado en recordarnos de múltiples maneras, en los senderos topológicos de su inmensa obra, el olvido del Ser y lo que es más grave, el mensaje de que hemos olvidado el haberlo olvidado.
Minuciosa su tarea en el examen exhaustivo de los conceptos cristalizados de la Metafísica Occidental, que en su largo recorrido  fueron distorsionando, con ayuda de las translaciones “traductorias/ tradittorias”, la esencia original del pensamiento griego presocrático. Corpus de una filosofía inerme que paralizó su marcha ante el impacto creciente que viene sufriendo con el mundo de la técnica y que ha  desembocado en un creciente hipertecnicismo; cuya única visión y pretensión se dirige a la expoliación utilitaria de los entes, en total inatención del Ser.
Auxilio sanitario brinda la poesía para una filosofía que ha olvidado el Ser.
No presupone la obra de Heidegger la ciega intención de un retorno, siempre imposible, al pensar de aquellos griegos, sino el rescate de su pensamiento original, basado en el des-ocultamiento (Aletheia) y en el advenimiento del acontecimiento apropiador (Ereignis) para su encuentro con la verdad. Contrariamente a lo que se afirma desde Aristóteles, se reafirma con Leibniz y culmina con Descartes como coincidencia entre lo que afirmamos y la realidad (con la salvedad que Renée Descartes siendo muy joven en un escrito anterior a Regulae nos dice: “¡Hay en nosotros semillas de verdad, los filósofos las sacan por la razón, los poetas las arrancan por la imaginación, y entonces lucen con una luminosidad más fuerte aún!”
La verdad se anuncia en un silencio/palabra,  avatares de cadenas significantes que originan sucesivas aperturas que iluminan la cerrazón con su luz.
Sea la palabra auténtica, que surge y forcejea, cuando no claudica en la bruma de los desgastados discursos cotidianos.
Muros que aprisionan el lenguaje, pero donde puede recobrar sus fuerzas e insinuarse en nuevas embestidas; ocasionales develamientos donde se lanza ante nosotros la poiesis,  expresión original del logos, como fugaz presencia de las “Musas”.
Juego especular en vaivenes de ocultamiento/des-ocultamiento que de tanto en tanto ofrecen claros de luz en la “cerrazón del bosque”.
Elocuencia de un fondo inagotable, siempre activo tras la barrera de la represión, lanza la palabra que inaugura en variados derroteros los claros donde habla la verdad.
Expresa el poeta un repetido anhelo: “Que las musas nos visiten, que no nos abandonen”, oración elevada a míticas instancias en ocasionales períodos fructíferos o en dolorosos períodos desérticos. Pero ¿a qué alude y desde dónde se sustenta tan bella metáfora?
¿Desde dónde y a partir de qué puntuación formula un analista su interpretación?; entendiendo por ella no la traducción, la exégesis del discurso pronunciado por el analizando, a otro, emanado de la teoría que sustenta; sino aquel que desde la sutileza de su escucha permita privilegiar en el discurso en curso, un término repetido, un determinado tono y ritmo, algún suspiro, lágrima o silencio etc. que permita una escansión, posibilitando la vigencia de sorpresas y nuevos  interrogantes que sostengan la apertura.
La “obra” no la cierra el analista; al igual que el lector, el analizante le otorgará cada vez y sin saberlo, con frecuencia de manera inmediata los sentidos adecuados al contexto.
Allí, en lo dicho, en lo manifestado por el enunciado, anida una verdad de presencia o ausencia, por parte del sujeto que lo enuncia y a esto corresponde una atención “suspendida” que permita esclarecerla.
Dice Lacan de manera poética y rotunda en “La cosa Freudiana”, cuando alude a la verdad en la boca de Freud, afirmando que éste “ha tomado el toro por las astas”:
“Soy pues para vosotros el enigma de aquella que se escabulle apenas aparecida, hombres que sois tan duchos en disimularme bajo los oropeles de vuestras conveniencias…  Fantasmas, que eso es lo que sois. 
¿A dónde voy pues cuando he pasado a vosotros, dónde estaba antes de ese paso? ¿Os lo diré acaso algún día? Pero para que me encontréis donde estoy, voy a enseñaros por qué signo se me reconoce…  Hombres, escuchad, os doy el secreto. Yo, la verdad, hablo… Ya hayáis de mí en el engaño o ya penséis alcanzarme en el error, yo os lo alcanzo en la equivocación contra la cual no tenéis refugio. Allí donde la palabra más cautelosa muestra un ligero tropiezo, es a su perfidia quien falla, lo publico ahora, y desde ese momento será un poco más complicado hacer como si nada… la intención más inocente se desconcierta de no poder ya callar que sus actos fallidos son los más logrados y que su fracaso recompensa su voto más secreto… yo, la verdad, seré contra vosotros la gran embustera, puesto que no sólo por la falsedad pasan mis caminos… Buscad, perros, que en eso os habéis convertido escuchándome, sabuesos que Sófocles prefirió lanzar tras el rastro hermético del ladrón de Apolo antes que en pos de los sangrantes talones de Edipo seguro como estaba de encontrar con El en la cita de Colona la hora de la verdad. Entrad en lid a mi llamada y aullad a mis voces. Estáis ya perdidos, me desmiento, os desafío, me destejo: decís que me defiendo… Hombres, escuchad, os doy el secreto.  Yo, la verdad, hablo”. (Lacan, J. 1957).
Al acecho, en la serena espera de una  “escucha”, donde solo cabe el “abandono”, analista y poeta, en una pasiva actividad que los haga presentes, han de posibilitar sus funciones operativas y creativas.
Habitamos la morada del lenguaje, el Habla nos habla, fluye y si cabe la “escucha” decimos aquello que nos viene donado.
Nos dice Heidegger con referencia al Logos: “El lenguaje habla”. Es decir que no proviene de mí, de mi autoría y J.M. Lacan agrega: “Somos hablados”, o sea que el lenguaje se nos impone y no nos queda otra posibilidad que hablarlo.
Esta palabra ofrecida a nuestra escucha, derroca la pretensión de una subjetividad dueña del discurso, y  con frecuencia, en el árido lenguaje comunicacional, donde siempre decimos más o menos de lo que quisimos decir, nos sorprende, haciendo fallar toda quimera de exactitud. Logos sustraído al modelo del cálculo científico que pretende alcanzar una absoluta certeza cartesiana.
Pensar racional que ubica al yo en posición central, homólogo de la perfección de las órbitas circulares y del geocentrismo en el sistema solar; en relación a “otro pensar” donde el yo es descentrado de su posición hegemónica.
En relación a lo expuesto, recordemos:
“Yo es otro”-Rimbaud
“Yo soy lo más cercano y lo más lejano a mi mismo”- Nietzsche.
Friedrich Hölderlin, poeta de poetas, impregnado de la mitología, de la cultura helénica y la obra de Platón nos      dice en uno de sus tardíos poemas: “Lleno de méritos, sin embargo, poéticamente habita el hombre en esta tierra”.
Este habitar no solamente es totalmente ajeno a una concepción que lo degrada a un inútil vuelo fantasioso despegado de la “realidad” sino que la ratifica como la manera de habitar el hombre en su única y natural vivienda: La Tierra, en pleno rescate y cuidado permanente de las raíces que a ella lo conectan conformando una unidad que viene siendo despiadadamente desmembrada.
En otro magnífico poema formula un llamado que nos habla de lo libre como un horizonte “abierto” y nos permite una mirada y podemos agregar una escucha, sin limitaciones:

“Paseo en el campo”
Ven hacia lo abierto, amigo
aunque hoy día poca luz esplenda todavía
y que el cielo no sea una prisión
ni la cima de los bosques, ni siquiera las montañas
pudieron expandirse como hubiéramos querido.
Y el aire se queda sin voz.
Está sombrío, las calles y los caminos duermen
Y por poco, me creería haber vuelto a la edad de plomo.
Sin embargo una voz ejerce la fe justa
y esa voz aun no ha sido apagada por un momento.
Que este día sea dado a la alegría
porque no es mala limosna que podamos quitarle al cielo
como esos dones que se le negaban a los niños.
Solamente un propósito de nuestras pena,
la ganancia sea digna y sin mentiras
es por eso que yo guardo la esperanza
cuando habremos arriesgado el paso soñado,
y cuando hayamos desatado nuestras lenguas,
y encontrado la palabra y nuestro corazón se expanda
Cuando de la frente ebria, otra razón aparezca
y que nuestra floración pueda alcanzar la florescencia del cielo
Concluyendo: Para posibilitar que futuros desarrollos  puedan ahondar senderos aquí apenas esbozados, valgan como cierre estas palabras de Heráclito en su Fragmento No. 50:
“Si Uds. No lo han percibido de mí sino del sentido (Logos), es sabio también decir de forma parecida en ese sentido (homologêin): Uno es Todas las Cosas (Hen Panta)”.

*Carlos Pasqualini: Médico psiquiatra, psicoanalista, poeta, artista plástico.

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