Artes visuales

Héctor Canonge

Entrevista de ADRIANA GASPAR

 

“Si bien mi obra toca aspectos de la memoria y lo ancestral,  para mí la estética, el contenido y el contexto es muy importante en el Performance”

 

Hector Canonge es artista, curador, educador y gestor cultural independiente con base en la ciudad de Nueva York donde estudió Literatura Comparativa, Cinematografía y obtuvo un Pos Grado en Integrated Media Arts. El trabajo interdisciplinario de Canonge integra nuevas tecnologías, con narrativas visuales, cinematográficas y performátivas abordando temáticas de identidad, género, políticas migratorias, y del desplazamiento geográfico.  Sus obras y proyectos han sido presentados en destacados  museos, galerías y espacios de arte alrededor del mundo.

 

G.A.: Héctor, ¿Qué es para vos el Arte de la Performance y desde qué aspecto lo abordás?

HC: El Arte del Performance es más que una expresión corporal.  Performance Art es una disciplina dentro del Arte Contemporáneo.  Como tal, tiene su propia definición, historia, canon, modalidades y figuras representativas. Mi práctica dentro del Performance Art se informa de mi experiencia vivencial -mi historia- así como del conocimiento que tengo de la literatura, el cine, y la filosofía.  Si bien mi obra toca aspectos de la memoria y lo ancestral,  para mí la estética, el contenido y el contexto es muy importante en el Performance.

G.A.: ¿En qué país llevaste a cabo  tu primer proyecto de arte?

HC: Mi primer proyecto de arte se realizó en Estados Unidos. Soy, me considero y la gente me conoce y reconoce como artista de Nueva York. Mi primer trabajo se llamó “Schema CorpoReal” una performance-instalación mediática que incorporó códigos digitales aplicados a mi cuerpo.  Mi obra en performance ha cambiado desde entonces, ahora casi prescindo del uso de los nuevos medios.  Tengo mi cuerpo, la tecnología más avanzada y que todavía no me ha fallado…

G.A.: Contanos desde cuándo estás viviendo en Nueva York y qué te llevó a vincularte con estas prácticas artísticas.

HC: Nací en Buenos Aires, Argentina, viví parte de mi infancia en Bolivia, y el resto de mi vida en los Estados Unidos. Mis padres son los responsables por esta experiencia migratoria.  Llegué al arte del performance como resultado de una residencia artística en un espacio de danza contemporánea que estaba expandiendo e inaugurando una galería de arte.  Como parte de mi beca era realizar algo con mi cuerpo –hasta ese entonces no habia hecho nada corporal- mis proyectos eran de instalación mediática interactiva.  Me convencieron  para realizar algo con mi cuerpo y el resultado fue una instalación en vivo donde, por primera vez, me situaba como objeto de interacción para el público.  Era yo, mi cuerpo, el instrumento de mediación al permitir que la gente escanée partes de mi cuerpo para provocar un movimiento y proyecciones de video con textos generativos que yo había preparado. El proyecto fue un gran éxito.  Es desde ese punto – y siempre lo digo casi como un chiste… que el bicho del performance me picó y, bueno, aquí estoy.

G.A.: ¿Pensás que el Arte de la Performance, hoy está considerado una disciplina académica?

HC: Sí.  El Performance Art es considerado una disciplina académica.  En Estados Unidos y Europa se estudia y existe la carrera con sus respectivos departamentos y concentraciones.  Como dije anteriormente, académicamente tiene todo las propiedades de cualquier otra disciplina dentro de las Artes Visuales  por las Artes Aplicadas.

G.A.: ¿Se reescriben en las performance las historias ancestrales y las experiencias sociopolíticas-culturales que conviven en cada artista?

HC: No necesariamente.  Las varias modalidades de Performance Art permiten que cada artista llegue o practique esta disciplina desde muchos ángulos. Muchos artistas llegan desde lo político, otros desde lo conceptual y estético y muchos otros desde la experiencia personal, de buscar un outlet para absolver o resolver sus propias inquietudes.  No hay una regla que diga que el Performance Art se deba abordar desde un solo ángulo o desde lo personal o desde la historia ancestral. Pese a eso, tiene reglas que lo separan de una simple representación callejera donde se tocan las ollas y se sale en demostración.  Eso es accionismo activista que no necesariamente llega a ser “arte.”

G.A: Contanos acerca del  programa ARTerial PERFORMANCE LAB, APLAB. ¿Cuándo se creó, cuál fue su propósito inicial y cómo fue su dinámica hasta el  trabajo realizado este año aquí, en Argentina?

HC: En 2012 inicié un nuevo período en mi vida profesional y personal. Después de haber vivido la mayor parte de mi vida fuera de la región, regresé a Latinoamérica y (re) descubrí mi conexión con el Sur.  La experiencia fue una contradicción existencial: me sentía en “casa” pero estaba fuera de “mi casa.” Por un año estube viajando.  El 2013 inicié ARTerial PERFORMANCE LAB, APLAB, como una necesidad de fortalecer los vínculos que había creado y estaba  estableciendo con artistas latinoamericanos.

G.A.: ¿Por qué se pensó este programa ARTerial PERFORMANCE LAB, APLAB como un proyecto itinerante?

HC: Más que un proyecto itinerante, es un proyecto de proceso creativo colectivo que permite establecer redes de conexión entre artistas, creadores en instituciones que puedan apoyar su desarrollo. Esta vez, APLAB contribuyó con la realización de un programa especial dentro del X Encuentro Hemisférico de Performance y Política en Santiago, Chile.  Luego el proyecto se extendió a Valparaíso, y Mendoza, Córdoba y Buenos Aires en Argentina.

G.A.: Cuando te réferis a América, hablás de las Américas, se personalmente   lo que implica  para vos esta terminología, ¿podés desarrollar esta idea  para los lectores de Generación Abierta?

HC: América es un nombre singular y generalmente la gente alrededor del mundo identifica a los Estados Unidos como “América” – una relación obtusa que se ha usado desde que el país se posicionó mundialmente como una potencia mundial en el siglo XIX.  Yo hago una diferenciación y uso el término las Américas para referirme a Norte, Centro y Sur América, las tres regiones del hemisferio occidental. Creo que es el mismo fenómeno que se da cuando la gente en latinoamérica usa “Norte América” para referirse a los Estados Unidos.  Norte América está también constituido por Canadá y México, pero no hacen esa diferenciación.

G.A.: ¿El cuerpo como objeto-sujeto es un punto clave como territorio de poder en el arte de nuestro tiempo?

HC: El cuerpo no solo como sujeto pero como objeto es, y viene siendo un instrumento de poder en la historia del Arte.  Pensemos en la escultura, la pintura, el dibujo –incluso mucho antes de las escuelas europeas… El cuerpo está presente en las expresiones creativas de cualquier cultura en este planeta.

G.A.: ¿Qué puntos de coincidencia y disidencia hay entre las acciones públicas de Nueva York y las de América del Sur, por ejemplo, de Argentina?

HC: Las acciones públicas que he visto en Latinoamérica tienen una carga político-social arraigada en las experiencias y necesidades de la gente.  Creo que esto se debe a la conciencia cívica que se tiene en la región.  En Nueva York, o en Estados Unidos y Europa las acciones públicas tienen un proceso un tanto diferente y se basan más en lo estético-conceptual que muchas veces se desconecta  con la cotidianidad.  Por eso quizás una acción pública muchas veces queda en ser solamente una práctica artística para un público reducido que pueda entender y apreciar. Nueva York se ha convertido en un fuerte.  Contrariamente de Berlín, por ejemplo, es casi imposible realizar acciones públicas sin permiso.  En ese sentido hay mucha más libertad de expresión en Latinoamérica y Europa.

G.A.: ¿Qué lugar ocupa la escena de la performance en América Latina, con respecto a la ciudad de Nueva York u otras ciudades europeas?

HC: No puedo hablar desde una experiencia latino americana.  Pero te puedo decir que por motivos de restricciónes de viaje: visados, permisos, solvencia, etc., son muy pocos los artistas latinoamericanos de Performance Art que llegan por estos lados.  Es que es difícil para muchos tener la movilidad que, por ejemplo, tienen los artistas europeos o asiáticos.  Cuando viene un artista de latinoamérica entonces trae un mundo diferente, unas experiencias nuevas que enriquecen aquello que vemos aquí en Performance.

G.A.: ¿Nos podés comentar acerca de tu labor como curador independiente en estos últimos años?

HC: Mi trabajo como curador y gestor independiente está basado en el sentido de apoyo y responsabilidad que tengo con lo que realizo y con los artistas con quienes trabajo.  El cargo de “curador” se ha diluido bastante en todas partes.  Ser curador no es poner a un grupo de personas y mostrar su trabajo.  Eso es ser organizador.  El trabajo de un Curador es – como la palabra implica – curar – y cuidar de los procesos creativos de otros, facilitar la experiencia de mostrar obra y ser un apoyo para los artistas.  El curador debe no tener un Ego más grande que el de los artistas.  Al ser curador uno está por debajo de ellos no sobre ellos –es decir al servicio de los artistas.  Ahora, la Gestión, el Gestor, es otra cosa, es la persona encargada de la coordinación y de la implementación de los proyectos.  Aquí y en todo el mundo todos –muchos artistas- se han puesto ese rubro, la de curador, sin ni siquiera tener un concepto curatorial o una responsabilidad artístico cultural o en muchos casos político social.  Como curador soy muy cuidadoso con estos procesos y papeles que adopto.

GA: ¿Hay algo más que quieras agregar a esta entrevista?

HC: Yo creo que eso es todo.

 

Deja una respuesta