Mujeres escritoras argentinas. Una historia olvidada, por María Amelia Díaz
Después de recorrer algunas materias accidentadas, esas que nos llegan a la mente sin rozar el alma, abrí con placer las páginas de mi nuevo libro de texto. “Historia de la Literatura argentina y americana” llegó a mí, estudiante ansiosa y lectora incondicional, y lo primero que hice fue ir a la sección “Antología” para leer los fragmentos de las obras de los autores citados, y trasladarme a cada uno de los mundos que me ofrecían olvidándome del que me rodeaba. De más está decir que gocé con cada página, pero, algo me inquietaba. Con más calma, volví otra vez a ellas. ¿La única mujer escritora era sor Juana? Ya conocía a Alfonsina Storni, quien tampoco figuraba, por aquella rebeldía de “Tú me quieres alba/me quieres de espumas/me quieres de nácar (…)”. Pero ¿Nadie más? ¿Ninguna otra mujer? Desde ese entonces tuve una meta: buscar mi pasado de mujeres escritoras, recopilar cuanto libro, artículo, recorte, mención, publicación en las redes o en los medios se refiera a ellas: Las olvidadas mujeres escritoras argentinas.
Para trazar un ideal de mujer escritora del siglo XVII y XVIII válido para Hispanoamérica debemos comenzar por recurrir a textos españoles. Sólo mujeres muy osadas daban a la prensa obras de su autoría acompañadas, eso sí, de las razones que las asistían a escribir y aún de las debidas disculpas, a saber: “…algunas poesías líricas en cuya composición he divertido a veces mi genio y ociosidad o falta de ocupaciones y de diversiones adaptadas a mi gusto.” (Hickey como se citó en Ripodas Ardenaz 1993, p.172)
Isabel Laserna de Guevara, una de las mujeres que acompañara a don Pedro de Mendoza durante la primera fundación de Buenos Aires escribe para el futuro, se trata de una Carta redactada en Asunción del Paraguay, más tarde parte del Virreinato del Río de La Plata, cuya fecha data del 2 de julio de 1556, dirigida a Isabel I, reina de España, señalando el papel de las mujeres en la conquista, e inicia con esta crónica de lo que nadie había dicho, la prehistoria de la literatura rioplatense femenina.
Ya en el siglo XVII y continuando su evolución en los siglos posteriores, se inicia la movilización de cientos de mujeres que no veían como única opción el matrimonio, hacia los establecimientos conventuales o hacia comunidades laicas autónomas ubicadas cerca de hospitales e iglesias dedicadas a orar, ayudar a los necesitados, hacer tareas manuales y sobre todo intelectuales. Proliferan entonces los escritos femeninos que indican una nueva ubicación de la mujer en la sociedad hispanoamericana. “Sermones panegíricos, crónicas conventuales, y biografías de monjas y beatas se multiplican en una expresión de interés y admiración por parte de los hombres, significando en ese reconocimiento la aceptación de la religiosa y la beata dentro de los cánones de la ortodoxia”. (Lavrin y Loreto, 2006, p.19)
En cualquiera de las modalidades que esa escritura místico- religiosa adoptara mostraba una manera de expresión femenina, aun cuando las mujeres tuvieran que utilizar ciertos resortes literarios para adaptarse a los cánones impuestos, dando estos a consideración de confesores para cumplir la “obediencia” y obtener el permiso para poder expresarse, aunque ya sepamos cómo terminó la experiencia de Sor Juana tras enfrentarse al obispo de Puebla con su “Carta Athenagórica”.
Entre nosotros un caso destacable y desconocido es el de la beata Ángela Carranza (Córdoba, Virreinato del Perú 1642-¿?1694) quien reivindicó la santidad de un indio, criticó los abusos del clero y se atrevió a opinar sobre los dogmas. No cabía para ella otro destino que el silencio. En 1689, la Santa Inquisición la detuvo acusándola de no guardar los votos de obediencia, pobreza y castidad, fue sentenciada a cuatro años de encierro, a la prohibición de hablar de sus experiencias y a la privación de “papel, tinta y plumas para que no escriba” (Medina,J., 1887). Sus 543 cuadernos fueron quemados.
Por 1820 la monja María Josefa Illescas (Bs. As., Virreinato del Río de La Plata, 1755-¿?) escribe el “Canto Encomiástico Gratulatorio” celebrando la victoria de Maipú, que aparecerá en el diario “El Despertador Teofilantrópico” bajo la autoría de “Las madres capuchinas”. Una constante que se repetirá en las publicaciones femeninas durante mucho tiempo: el anonimato.
Llegados los movimientos de emancipación e independencia se liberaron, por decreto de la Asamblea del año XIII los esclavos negros, se produjo la abolición del servicio personal de los indios reconociendo su igualdad civil y política, y se suprimió el mayorazgo de los primogénitos varones. Jamás se tuvo en cuenta a las mujeres que siguieron careciendo de derechos civiles y políticos, incluyendo el de la educación y la herencia. Sólo algunas pocas damas cultas, educadas por preceptores particulares, destinaban sus momentos libres a leer y a veces a escribir, el resto de las mujeres, en forma concomitante al conformismo y a la mediocridad en medio de la cual eran criadas, crecían incapaces para cualquier actividad de tipo intelectual, se las formaba para agradar y servir, pasando de la tutela del padre o el hermano a la del marido.
Aun así podemos ya citar a tres mujeres precursoras de la literatura femenina en la Argentina.
Juana Manuela Gorriti (Horcones, Salta, 1816 – Bs.As., 1892) Mujer de escritura abundante, su temática abarca los hechos de las guerras de Independencia donde vierte la añoranza por la patria, vértebra de toda su producción, incluyendo también leyendas indígenas con su correlato mágico y recuerdos de la infancia. Cuentan entre sus obras “La quena”, “La tierra natal” “El pozo de Yoci” y hasta un libro de recetas “Cocina ecléctica”.
Dominga Mercedes Concepción Ortiz de Rosas, (Buenos Aires, 1810- 1870) hermana del gobernador don Juan Manuel, era una mujer de vasta cultura que desde joven participó en las tertulias de los salones porteños y se dedicó a escribir poesía y narrativa. .De su autoría, aunque descalificada en la “Amalia” por el escritor José Mármol, serán las novelas: “María Montiel” y “Emma, o la hija de un proscripto” que se desarrolla en Francia e Inglaterra.
Eduarda Damasia Mansilla (Bs. As.,1835-1892) sobrina del gobernador, hermana del escritor Lucio V. Mansilla y esposa del diplomático Manuel García Aguirre, con quien tuvo seis niños, Eduarda escribe, publica y se asume como escritora. Sus obras incursionan en la narrativa (“Lucía Miranda”,”Cuentos”, Creaciones”), el drama (“La marquesa de Altamira”), ensayos filosóficos, artículos periodísticos de diversa temática y la crítica musical, siendo nuestra primera escritora en publicar literatura infantil.
. Será entonces el momento de las mujeres periodistas que, en una desigual lucha con sus pares masculinos, logran inquietar el orden establecido y exasperar las buenas costumbres de una sociedad que, aunque políticamente revolucionaria, era socialmente patriarcal.
Petrona Rosende, (Montevideo, Uruguay, 1787-1845) considerada la primera periodista mujer del Río de la Plata, funda el periódico femenino “La aljaba”. Rosa Guerra (Bs. As. 1834 – 1864) docente, escritora, quien en sus apenas 30 años de vida fundó la revista “La Educación”, escribió con el seudónimo de “Cecilia” en los medios: “La Tribuna”, “La Nación Argentina” y “El Nacional”, y en 1863 publicó su libro de lectura para niñas “Julia”, editó el periódico femenino “La camelia”. Juana Paula Manso (Bs. As. 1819 – 1875) maestra, periodista, editora, poeta, traductora, amiga y colaboradora del presidente Sarmiento emprenderá la publicación del “Álbum de Señoritas” donde tiene el valor de aclarar en cada número su autoría. Carlota Garrido (Mendoza, 1870 –Coronda, Santa Fe, 1958) emprenderá con sus ahorros la edición de “El pensamiento”. “La columna del hogar” aparecida en 1852 como un apartado del diario “El Nacional”, estará dirigida por Catalina Allen (Bs. As. 1865 – 1899). Alcanzando tan alta difusión, que se independizó como revista, siendo redactoras Carolina Freyre y Emma Canovi.
Ya instalada la República, en 1871 Domingo F. Sarmiento, que había sido testigo de la libertad de las mujeres en los EEUU, crea la Escuela Normal de Paraná, donde se formarán las primeras maestras argentinas, un ingreso al ámbito público de la educación que les dará a las mujeres un lugar significativo dentro de la sociedad.
Durante la presidencia de Julio Roca, en 1884 se sanciona la ley de educación común promoviendo la enseñanza elemental obligatoria, gratuita y, tras acalorados debates, laica y mixta, aunque en 1912 el Congreso aprobará la Ley Sáenz Peña, que entre otros puntos dictaminaba el voto obligatorio y secreto, que emitirían solamente los ciudadanos varones.
Durante este fin de siglo comunidades formadas por inmigrantes que habían llegado a la Argentina, trajeron desde sus países de origen una cultura atravesada por el socialismo y la organización de los sindicatos. En este ámbito aparece bajo el lema “Ni Dios, ni patrón, ni marido” un periódico anarco socialista redactado por mujeres “La Voz de la Mujer” (1896-1897), cuyo eje radicaba en su reconocimiento de la opresión a que eran sometidas quienes el periódico convocaba a movilizarse contra su subordinación.
Este fin decimonónico encuentra a la Argentina con los géneros literarios ya instalados: la poesía cultivada a imitación de los modelos europeos del Romanticismo y la narrativa ya buscaban un color propio, iniciándose, tras la visita de Rubén Darío, el Modernismo, primer movimiento de origen americano. Se ha criticado que en este período muchas de las mujeres escritoras permanecieran aferradas a las pautas del movimiento romántico escribiendo poemas líricos, sentimentales. ¿Qué se podía esperar cuando habían crecido en un país donde según el censo de 1869, sobre una población mayor de 6 años, de 688.328 mujeres, solo 125.888 eran alfabetas? Sin duda sus escritos solo reproducían la imagen del encierro de un cuerpo que las paredes del hogar custodiaban y las “buenas costumbres” legislaban.
Veamos aquí, a modo representativo, y de forma sintética alguno de los nombres:
Edelina Soto y Calvo (Bs.As., 1844 -1932), Josefina Pelliza (Entre Ríos, 1848 – Bs.As,1888), Elvira Aldao (Rosario,1856 – Mar del Plata,1950), Silvia Fernández (San Fernando, Bs.As.,1857-¿?) Rosa Fernández Simonín (San Nicolás de los Arroyos, 1874 – París, Francia, 1914), Lola Salinas Bergara (Bs.As.1876-1939). Blanca Colt (San Isidro, 1879 -1964), María Ramona Abella (SanJosé, Uruguay, 1863-La Plata, 1926), Esther Monasterio (Mendoza1868-1956)
La llegada del SXX marcará un hito en la literatura femenina. Bajo el título de “Stella” se publicará primero sin mención de autor y luego con el seudónimo de César Duayen, una novela que produce record de ventas en el país y en el exterior. Consagrada, como el primer best seller argentino. “Stella” fue prologada por Edmundo D¨Amicis y llevada al cine con dirección de Benito Perojo y guión de Ulyses Petit de Murat, llegando a la fama protagonizada por la relevante actriz Zully Moreno. Su autora, la hasta hoy desconocida Emma de la Barra, fue también la fundadora de la Cruz Roja Argentina.
En 1912 Ricardo Rojas publica los 4 tomos de “Historia de la Literatura Argentina” donde incorpora un capítulo titulado “Las mujeres escritoras” y en 1930 José Carlos Maubé y Adolfo Capdevielle compilan la primera “Antología de la poesía femenina argentina”.
En 1889 ya se habrá graduado la primera universitaria y médica, Cecilia Grierson, y en 1902 Elvira López al concluir su carrera universitaria en Filosofía presenta su tesis “Primeros trazos del feminismo en Argentina”, una obra que recién será publicada por la Biblioteca Nacional en 2009.
Aunque en nuestro país no hubiera grandes movimientos feministas, las mujeres comienzan entonces a agruparse para defender sus derechos surgiendo así La Unión Feminista nacional, La Federación Argentina de Mujeres Universitarias, La Unión Argentina de Mujeres, La Asociación de Escritoras y Publicistas y la Liga de Damas Católicas. Será cuando, en 1902, se reúna el Primer Congreso Femenino en Buenos Aires, donde académicas, sindicalistas, políticas y profesionales debaten sobre el rol de la mujer en la sociedad argentina. Pero el censo oficial arrojará que sobre 2.877.733 mujeres mayores de 6 años, todavía solo 1.683.903 son alfabetas.
Destacan en este período entre muchas otras las escritoras: Delfina Bunge (Bs.As.,1881- Alta Gracia, Córdoba,1952), Ramona Rosa Serafina Bazán Sánchez (La Rioja,1881-Bs.As.,1972), Vicenta Castro Cambón (Morón, Bs.As. 1882-1928) una de las fundadoras de la Biblioteca Argentina de Ciegos, Adelia Di Carlo (Bs.As.,1883–1965), Emma Rosa Mosto, (San Nicolás de los Arroyos,1885-1976), Alfonsina Storni (Ticino,Suiza,1892-Mar del Plata, 1935), María Rosa Lucía Oliver (Bs.As.1898-1977), Emma Solá (Salta,1894-1984), Berta Norah Lange (Bs.As.,1905-1972), Nydia Lamarque (Pergamino,1906-1982), Margarita Rosa Josefina Abella Caprile (Bs.As., 1901-1960),Silvina Ocampo (Bs.As.,1903-1993), María Alicia Domínguez (Bs.As.,1904-1988), María Villarino (Chivilcoy,1905-Bs.As.,1994), María Angélica Bosco (Bs.As., 1909–2006), Ana Sampol (Mercedes, 1909- 2002).
Debemos obviar a ensayistas, dramaturgas, letristas de música popular, autoras de literatura infantil y guionistas, pero el listado supera los límites de estas páginas, así como lo exceden las por demás interesantes biografías, publicaciones, críticas y premios de todas las autoras. La lista es demasiado larga. Pero no podemos dejar de mencionar que la gran mayoría de ellas, además de editar libros publicaron en revistas y periódicos del país y del exterior, fueron reconocidas por la crítica y premiadas, sin embargo todo ese material permanece oculto, ajeno a los libros de texto.
¿A qué se debe que todo un río subterráneo de literatura femenina corra, yaciente y olvidado hasta hoy, bajo nuestros pies?
María Amelia Díaz
Referencias
Lavrin, Asunción y Loreto Rosalva (2006). Monjas y beatas: la escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana: siglos XVII y XVIII. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Medina, José Toribio (1887). Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lima: (1569-1820). Tomo II. Cap. XII. Imprenta Gutenberg, 2v.
Ripodas Ardenaz, Daisy (enero-diciembre 1993). Una ignorada escritora en la Charcas fin colonial: María Antonia de Rio y Arnedo. Investigaciones y ensayos 43. Academia Nacional de la Historia.

