CRÍTICA LIBROS: “Modos del agua y otros poemas”, de Viviana Bermúdez Arceo, por Nora Patricia Nardo
Viviana Bermúdez-Arceo nació en Blaquier y reside en la Ciudad de Buenos
Aires. De raíces gallegas, es poeta, ensayista, investigadora literaria y
profesora en Letras. Es licenciada en Comunicación, estudió una maestría en
análisis del discurso y posee una diplomatura en Cultura Argentina.
Viviana es una poeta con letras mayúsculas; su itinerario estético nos introduce
en una escenografía que trabaja con soltura el hecho poético. La palabra
circula y se hace poesía. La búsqueda lírica se despliega como un guion que
señala un recorrido interior, como una línea de fuga que encuentra holgura en
la riqueza de sus metáforas y en la densidad de su expresividad. Su fuerza
creadora y su profunda sensibilidad nos ponen en tensión, en comunión; re-
habitamos y re-significamos los vaivenes inquisidores que están inmersos en lo
más hondo de nuestro ser.
Para la autora, este es un tiempo de reflexión, de búsqueda de respuestas a
las grandes preguntas existenciales. El yo lírico es consciente de que vivir es
moverse y entregarse a locuras, a ensueños. Nos dice en su primer poema, “Y
el mar rumia”:
“Y el mar rumia / viví esta puerta abierta / viví este corazón que se mezcla / con
la muerte / me muevo y me entrego a locuras, a ensueños / …También viví
esta embriaguez de segundos porque nada es resistir / viví mi constante y
breve llegada”.
Podemos decir que su poemario condensa los enigmas de la existencia, luces,
penumbras y oscuros en una sintaxis exquisita. Está comprometida en cada
uno de ellos, lo que se trasluce en el fondo de su escritura, en el dominio de su
voz. Nada se experimenta de forma distraída; todo es urdimbre, meditación
sobre el tiempo y el espacio, sobre la esencia y la existencia, sobre los amores
y desamores, sobre lo que fue y ya no será. Un hoy que se despide del ayer,
un mañana que se enlaza con la pérdida.
Cito: “Ella a cada paso / nos lleva fieles hacia atrás / hasta las tierras ya
accesibles / del sueño”. Toda su obra refleja su intenso mundo poético, sus
pasiones, su visión amorosa de la libertad, del transcurrir humano y una
dimensión temporal e histórica que nos habla del drama del vivir. En el poema
“Foto” expresa: “…quisiera, madre, otra vez / el soplo antiguo de cualquier aire
/ aún de un solo segundo…”.
La palabra atraviesa el poema, nos atraviesa el alma: “El verano que frotaba /
de ardor y ascuas la piel / se fue descascarando… Su turno acabó… como si
yo no supiera que ya se ha cansado / ya se ha otoñado / como si yo no
advirtiera / aquí mismo la lluvia fría / que se abre de par en par”.
La autora en “Modos del agua y otros poemas” nos induce a detenernos a
pensar, a percibir a los Otros; nos abre interrogantes metafísicos. De una
delicadeza sublime, lo femenino y la belleza se respiran: cada palabra se sitúa
allí donde se hace necesaria y brilla. “…hay lágrimas que quedan siempre
adentro / recogen su propia agua / y se consumen”.
Uno de los poemas tiene un epígrafe del gran poeta español Vicente
Aleixandre que nos dice que la poesía, más que belleza, es comunicación:
“En todas las etapas de su existir —escribe—, el poeta se ha hallado convicto
de que la poesía no es cuestión de fealdad o hermosura, sino de mudez o
comunicación. A través de la poesía pasa prístino el latido vital que la ha hecho
posible, y en este poder de transmisión quizá esté el único secreto de la
poesía, que cada vez lo he ido sintiendo más firmemente: no consiste tanto en
ofrecer belleza, cuanto en alcanzar propagación, comunicación profunda del
alma de los hombres”.
La poética de Viviana Bermúdez- Arceo abre caminos y cauces. Transita el
umbral donde el presente se despide del pasado, pero nos recuerda que: “Más
allá del polvo ronronea tanto sentir”. El mar aparece como esa fuerza vital y
contradictoria que nos trae el recuerdo y la pasión, pero también la desilusión.
El agua es fuente de vida y de autoconocimiento; es fluidez inaprehensible. En
Viviana, como en muchos creadores, este elemento brota en numerosos textos,
adquiere formas distintas y toma valores diversos (ríos, mares, lluvias,
lágrimas).
Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza, dice Cernuda:
«Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados
a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos
arrojara del paraíso primero, donde todo hombre una vez ha vivido libre del
aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas
horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas
de un niño? …El poeta intenta fijar el espectáculo transitorio que percibe. Cada
día, cada minuto le asalta el afán de detener el curso de la vida, tan pleno a
veces que merecería ser eterno. De esa lucha precisamente surge la obra del
poeta, y aunque el impulso de que brota nos parezca claro, en él hay mucho de
misterioso…».
El autor, como ser humano dotado de una sensibilidad más aguda,
experimenta más que nadie las limitaciones que le pone el calendario. En este
mundo amenazado e incierto, la poesía mantiene su poder maravilloso de
remendar heridas.
«Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota
desde un aislamiento afectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que,
precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un
descubrimiento de relaciones entre ellas. El escritor sale de su soledad a
comunicar el secreto», sostenía María Zambrano.
Compartamos y disfrutemos de los secretos que la poeta Viviana Bermúdez-
Arceo nos regala en este imperdible “Modos del agua y otros poemas”.
Nora Patricia Nardo

