CRÍTICA LIBROS: “En los pliegues danzo”, de María Cecilia Piscitelli, por Nora Patricia Nardo
María Cecilia Piscitelli reside en la Ciudad de Buenos Aires. Es licenciada en
Psicología egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), psicoanalista
con estudios de posgrado en el Centro de Salud Mental “Dr. Ameghino”, poeta
y letrista. Con más de treinta años de trayectoria clínica, se ha desempeñado
en docencia universitaria, cuenta con formación en danza contemporánea y
coordina talleres de creatividad, escritura y expresión artística.
En esta nueva entrega que nos obsequia la querida poeta, “En los pliegues
danzo”, descubrimos una propuesta estética singular, una puesta en escena
que moldea con absoluta naturalidad la creación lírica. Aquí, la corporalidad en
movimiento se transforma en verso, o bien la palabra se convierte en
coreografía.
La búsqueda de la autora se despliega como un mapa que traza un rumbo
propio, una vía de liberación que encuentra su espacio en la profundidad de su
fuerza expresiva.
Nos dice: “Se eleva la aridez / hasta el límite / que es viento”. Su textura
poética, su energía creadora y su profunda sensibilidad nos con mueven y nos
integran; de este modo re habitamos y resignificamos el movimiento, la
contemplación, la alteridad, los temores, la memoria y el vértigo.
El manejo del lenguaje, la gran síntesis lograda, el valor de sus símbolos y sus
versos elegidos minuciosamente plasman su mundo interior y la manera en que
el arte impacta en su propia vida. Hay una dimensión de la lengua que la
atraviesa y que logra reconciliar lo unconscious con su conscious: la belleza.
Manifiesta: “…como si la vida / no fuera la noche / no fuera el ovillo / no fuera la
instancia / que lo desvistiera”. Quedamos, junto a la autora, atrapados en la
delicadeza de su tul, en un cúmulo de sensaciones, de trazos artísticos y en un
modo de herir y enunciar. Ese espacio de luz resulta indispensable para
transitar la experiencia humana, para adentrarse en el universo lírico y empezar
a descubrir lo que todavía no se ha visto.
Cecilia posee una manera muy suya de habitar este mundo, de inventar y
reinventarlo; nos propone reorientar nuestra mirada y concebir la danza como
una interpretación poética de la existencia misma.
Nietzsche-Zaratustra señala: “Y esta es mi doctrina: quien quiera aprender
alguna vez a volar, tiene que aprender primero a tenerse en pie y a caminar y a
correr, a saltar y a trepar y a bailar… que todo lo que es pesado se vuelva
ligero, que todo cuerpo se haga danzarín, todo espíritu pájaro: en verdad, ¡éste
es mi alfa y omega!”.
Anuncia en su primer poema: “La ex-tensión / precede / a cada paso / es
empuje / del cuerpo / ante el vacío”. A través de poemas breves, donde
descubrimos metáforas e imágenes sumamente sugerentes, nos comparte:
“Sostenida en los talones del olvido”.
Domina a la perfección el misterio del lenguaje de la no palabra, esa vibración
interna que da como resultado una obra de arte única e irrepetible. Su
propuesta invita a despegarse del suelo, a emprender el más corto de los
vuelos para disfrutar, conteniendo la respiración, de esa antigua eternidad; aun
sabiendo de antemano que la tierra firme será siempre el destino final de todo
impulso que se eleva. A pesar de ello, ella baila, se atreve a vivir y a gozar con
plenitud. Expresa: “Es etérea / la forma / del estruendo”.
Con la autora nos reconocemos y recuperamos el sentido de la vida. En este
proceso de innovación constante, el ser humano es capaz de dar continuidad a
la inmensa tarea de conocerse y construirse a sí mismo para, desde ese lugar,
entregarse libremente al prójimo.
Paul Valéry señala: “[…] ese cuerpo que danza parece ignorar lo que le rodea.
Parece que no tenga otra preocupación que sí mismo y otro objeto, un objeto
capital, del que se separa o se libera, al que vuelve, pero solamente para
recuperar con qué huirle de nuevo […] Es la tierra, el suelo, el lugar sólido, el
plano sobre el que […] continúa la marcha, esa prosa del movimiento humano”.
Desde su perspectiva introspectiva y filosófica, nos dice: “… Que la espina no
roce / el ritmo del mar / ni sus faros. Que el tiempo amanezca / solo en tus
manos”.
Al adentrarse en “En los pliegues danzo”, uno se sumerge en el cosmos de la
poeta y comienza a divisar lo que aún estaba oculto. Celebramos este nuevo
nacimiento y nos disponemos a disfrutar de la poesía.
Nora Patricia Nardo

