Del debate entre filosofía y tecnología, por Gabriella Bianco
“Escuchad, oh grandes de la tierra: sed sabios, y magnánimos
generosos y justos… ya que sin amor y sin justicia,
vuestro poder se convierte en impotencia y
vuestros planes insensatos os destruirán”.
(De “Prometeo”, de Gabriella Bianco)
Reflexiones sobre filosofía y tecnología
Hay múltiples manifestaciones de los filósofos sobre el interesante debate entre filosofía y tecnología. En la década de los 50, el filósofo austriaco Günther Anders ya hablaba de la obsolescencia del hombre, en tanto que la tecnología avanza de forma imparable y devalúa al hombre, aunque este pueda quedar fascinado por ella. Eran tiempos de la posguerra y de la bomba atómica, con toda la inquietud que representaba para el futuro de la especie.
Es como si el individuo encontrara en la tecnología una forma alternativa de trascendencia, aunque al final pueda terminar destruyéndolo. Anders introdujo el concepto de utopía inversa para explicar el hecho de que «nuestro problema no es que no podamos conseguir un mundo mejor, sino que ya no podemos ni imaginar el mundo que hemos creado».
El filósofo Hartmut Rosa, por otro lado, nos habla de la teoría de la aceleración. Según este filósofo y sociólogo, las sociedades premodernas se adaptaban razonablemente bien a los cambios que se iban sucediendo. Ahora, las sociedades modernas se ven virtualmente superadas por la transformación compulsiva de los cambios. Günther Anders introdujo el concepto de utopía inversa para explicar el hecho de que «nuestro problema no es que no podamos conseguir un mundo mejor, sino que ya no podemos ni imaginar el mundo que hemos creado»
Cuando surgen serias dudas sobre los efectos de la tecnología y o sobre hacia dónde vamos, entonces acudimos a la filosofía. Es el último recurso. En ocasiones puede parecer que la filosofía no tiene respuesta para una determinada cuestión, pero —transcurrido un tiempo— suele terminar aportando una aclaración. A veces, es como si los filósofos fueran demasiado lentos en su cometido para interpretar los cambios. Quizá también haya una dosis de resistencia frente al cambio.
De cualquier modo, esta brecha de tiempo parece que va en aumento. Una razón que contribuye a esta dilatación en la respuesta que da la filosofía a la tecnología es que el trabajo de un filósofo es arduo y riguroso, requiriendo de mucha energía cognitiva y disciplina. Es tal la singularidad de este ejercicio, que en muchas ocasiones los filósofos se implican a flor de piel con su trabajo, llegando a desarrollar una empatía intensa con sus pensadores históricos de referencia, con todo lo que esto representa…
Este particular proceso induce a que los avances en filosofía sean incrementales y no radicales. Hay excepciones, prodigios de la disciplina como Platón o Kant, que realizaron aportaciones de calado en un corto espacio de tiempo. Sin embargo, la velocidad de la filosofía siempre ha sido lenta, pues el pensar filosófico requiere de tiempos sosegados y mucho debate. La tecnología, hoy más que nunca, avanza a ritmos mucho mayores. ¿Cómo conjugar ambas? ¿Cómo pensar un mundo híper-tecnológico e híper-acelerado si apenas parpadeamos ya sucede otro cambio?
¿Puede ayudar la inteligencia artificial?
Hay un elemento sospechoso en la cadena de creación filosófica: el concepto. Quizá el ritmo para que afloren nuevos conceptos podría estar relacionado con la aparente baja productividad y constituir un punto crítico en la evolución de la filosofía. Algo así como un freno para el flujo de nuevos análisis e ideas. Los conceptos permiten conseguir nuevas perspectivas y la posibilidad de clarificar ciertos aspectos. También ayudan a que la transmisión de conocimiento sea más fácil y efectiva. Si damos a esta hipótesis una oportunidad, entonces la cuestión estaría en como acelerar la producción de conceptos. Los conceptos son como bloques constructivos que permiten obtener nuevos pensamientos.
Si la respuesta de la filosofía es cada vez más lenta, ¿cómo podría acelerarse?
Una herramienta con potencial para generar nuevos conceptos es la inteligencia artificial. Aunque es una propuesta atrevida y polémica, podría ser un recurso atractivo para mitigar el problema. Hay mucha literatura académica referida a la teoría y construcción de conceptos, con múltiples categorizaciones y estructuras. Los conceptos más sofisticados pueden llegar a constituir estructuras complejas, integradas por capas de más conceptos. Sin embargo, una herramienta con potencial para generar nuevos conceptos es la inteligencia artificial. Aunque es una propuesta atrevida y polémica, podría ser un recurso atractivo para mitigar el problema.
En principio, se trataría de ofrecer herramientas que ayuden a los filósofos a ser más productivos en su compleja tarea. Es como si se encapsularan conceptos dentro de otros conceptos, algo común en este ámbito. Este sería el espíritu de la propuesta: que la inteligencia artificial genere los conceptos filosóficos para, así, acelerar la producción del filósofo. Para ello es necesario disponer de un filtro automático que sea capaz de clasificar las propuestas en tres grupos: útiles, dudosas o descartables.
Este modelo se comportaría como un asistente virtual para el filósofo Filosofar tiene que ver con desarrollar nuevos conceptos o reinterpretar y evolucionar los ya existentes, propiciando debates con la esperanza de que sean fértiles. En materia de teoría de conceptos, existe un debate abierto y dinámico entre los especialistas.
Una ventaja de aplicar determinados algoritmos de inteligencia artificial para la generación de conceptos es que el sistema tiende a detectar patrones y luego aplicarlos sobre un océano de datos, con el objetivo de predecir y conseguir nuevos contenidos. Detectar patrones es un aspecto clave de este proceso de IA, pero es una forma totalmente distinta a como un filósofo generaría un concepto.
El mito de Prometeo
Lo interesante del mito de Prometeo no es tanto la trama en sí, sino el hecho de que Prometeo robase el fuego a los dioses y luego fuese castigado por ello; lo interesante es la valoración moral que la cultura griega hace del mito. La cultura griega es la única cultura que ha sido capaz de “cantar la dignidad de un sacrílego”, la única que ha sido capaz de alabar un acto de desobediencia de ese calibre.
Todas las culturas tienen figuras que se rebelan contra los dioses y que reciben un castigo por ello, como parte de la construcción simbólica de los límites y las fronteras de lo posible. El caso es que Prometeo es visto con cierta nobleza únicamente en la obra de Esquilo y es visto así precisamente por pecar de “filantropía”. Y este término no es casual, ya que la primera aparición registrada de la palabra “filantropía” en la literatura occidental se encuentra justamente en ese libro, y quien la pronuncia es Kratos, la personificación del poder y la pronuncia en un reproche: “Que aprenda a respetar de Zeus la fuerza, y a poner freno a su filantropía”. Y aquí reside el elemento fundamental de la obra de Esquilo: lo que los dioses castigan no es tanto el hurto del fuego, sino haber querido demasiado a los humanos.
Este giro ético es fundamental. En contra de la tradición cristiana, que promulga que lo que salva al ser humano es el amor divino, lo que nos salva, es el amor que tuvo el titán Prometeo hacia nosotros, hacia los mortales. El amor de Prometeo es un amor “tecnológico”, que interviene, transforma e incluso fabrica. Prometeo hace algo más que pensar en los humamos, lo que hace Prometeo por nosotros, los humanos, es construirnos, civilizarnos, hasta robar el fuego para nosotros. Y nos dio lo que más temían los dioses: la esperanza.
En el “Prometeo” de Esquilo aparece esta declaración: “He conseguido que los mortales ya no mantengan fijos los ojos en la muerte. Les he dado esperanza ciega”. La esperanza, según Hesíodo, es lo que permanece al fondo de la jarra de Pandora —entre todos los males— cuando Pandora, asustada, la cierra antes de que se escape. ¿Cómo puede ser que la esperanza conviva con el resto de los males? Porque sin la esperanza -ciega o no- la que nos permite actuar desconociendo las consecuencias, no podríamos avanzar. Tanto la técnica como el fuego que Prometeo robó a los dioses son “esperanza materializada”.
PROMETEO
TO PATHEI MATHOS
Prometeo, voz recitante (lectura), coro
PROMETEO – TO PATHEI MATHOS
Lectura
Prometeo, el dios, se alineó contra los Titanes del lado de Zeus, que aceptó su ayuda. Así se estableció el pacto entre Prometeo y Zeus… más tarde, Prometeo robó el fuego del Olimpo para dárselo a los hombres…este gesto voluntario de amor le valió la desgracia y el castigo divino…
Zeus está condenado a la desventura, de la cual solo Prometeo puede liberarlo, pero nunca Prometeo hará la voluntad de Zeus mientras esté encadenado, sino solo si es liberado, porque el Amor divino no puede ejercerse con la fuerza… amor absolutamente justo, sin culpa…
To Pathei Mathos – A través del sufrimiento, el conocimiento…
El Titán Prometeo sustrajo, contra la voluntad del divino Zeus, el útil fuego… no fue un robo, sino un regalo, y Zeus quiso que permaneciera entre los hombres, sellando el pacto entre los dioses y los mortales… así, Prometeo, fiel a su nombre, se convirtió en portador de fuego y, amando demasiado a los mortales, se entregó a los hombres, fuerte de amor, rebelde y generoso…
Sin embargo, por este gesto, el padre Zeus se vio obligado a castigarlo, porque, en el conflicto entre el hombre y la ley, Zeus debía restablecer su propio poder, su propia autoridad. Así, el don de Prometeo fue pagado con un sufrimiento más grande que la muerte. Prometeo se convirtió en una víctima inocente ofrecida en sacrificio, condenada por Zeus a un castigo infinito…
Y sin embargo, en el tormento del suplicio, Prometeo conoció…
Coro
Así Prometeo fue castigado, encadenado, solo, perdido y abandonado, clavado, pobre desafortunado, condenado a ser el hombre de los dolores… en su piedad, no obtuvo piedad, la ira de Zeus contra la especie humana se volcó completamente sobre él…
El, el justo perfecto, que, encadenado, es una sola cosa con la justicia, él, perpetuamente crucificado…
Prometeo
De la pasión que aquí me infliges, oh Zeus,
no puedo liberarme…
Me he convertido en sanador de otros,
y este sacrificio ha impedido
que tú aniquilaras a los hombres…
y aún más, les he dado fe,
esperanza eterna de inmortalidad…
y sin embargo, curarme de mi mal aquí no puedo,
debo soportar tu fuerza hasta el final…
Este desastre corta mi carne
y mi espíritu…
libero a otros, pero no me libero a mí mismo…
Coro
Solo en la desgracia, conocimiento…
Prometeo
En esta desgracia
extrema y malvada,
sé bien, oh Zeus,
y ambos lo sabemos,
que mi sacrificio sirve a tu poder,
te consagra al gobierno…
en tu triunfo,
arbitrio y tiranía…
pero para mantener el mando,
solo tu justicia te será de ayuda,
te impone la sabiduría
y también el amor…
Lectura
“Sin tu consentimiento, aquí te clavaré” – dice Hefesto, señor del fuego, encargado del suplicio…Y sin embargo, Zeus, de nada sirve tu poder sin tu sabiduría.
Tú, solo por sabiduría, señor del mundo puedes hacerte, ni tu poder te sirve sin amor… Escuchad, oh grandes de la tierra: sed sabios, y magnánimos generosos y justos… ya que sin amor y sin justicia, vuestro poder se convierte en impotencia y vuestros planes insensatos os destruirán.
Prometeo
No gracias al poder, oh Zeus,
eres el señor del mundo.
Solo el Amor puede enseñarte
a gobernar con justicia
y con sabiduría…
Hago de mi desastre,
un son,
sufrimiento que redime,
sufrimiento que salva…
colocado entre nosotros,
entre dios y dios,
entre dios y hombre…
Lectura
Prometeo sufre porque ha amado demasiado a los hombres. Sufre en lugar de los hombres. La ira de Zeus contra la especie humana se ha transferido completamente en él… pero él, que ha liberado a los hombres, no puede liberarse a sí mismo. Y sin embargo, Prometeo es más poderoso y sabio que Zeus, precisamente porque ama de un bien que puede parecer insensato y desmesurado…
El amor de Dios dirigido al mundo se realiza en la pasión que llevó a Dios a la Creación, en la pasión que llevó a Dios mismo a la Pasión, al Hijo en la Cruz.
Este Amor, que es Dios y que sufre, es él, es Cristo… Y la pasión de Cristo en agonía hasta el fin del mundo es ese mismo tormento de Prometeo perpetuamente clavado a la roca.
Coro
Así tú, Prometeo y tú, Cristo, bajo estos nombres sois una sola y única persona, el justo perfecto, unidos por la misma Pasión… Así, el cristiano sabe que debe pasar por la cruz para unirse a la sabiduría divina… nada, de hecho, enseña más que la cruz.
Todo hombre que ama la verdad participa en la cruz de Cristo, cualquiera que sea su fe.
Y como Prometeo buscó a los hombres por amor, así también Cristo nos busca por amor… y nada hay más tremendo que el Amor no amado…
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La mitología griega nos ofrece un par conceptual que la filosofía moderna ha tardado en aprovechar y es la relación entre Prometeo y Epimeteo, entre la previsión y la reflexión tardía. Prometeo lleva en su nombre la previsión (pro, antes) y por eso es el que prevé las consecuencias de sus actos. Schopenhauer, advirtió en el parágrafo 199 de Parerga y Paralipómena que Prometeo como arquitecto del ser humano, significa la Vorsorge, identificada con la providencia y el cuidado previo. El buitre que lo devora, indica la Sorge, la inquietud, el cuidado permanente que no puede cesar. Lo importante de esta visión, es que uno no puede robar el fuego y deshacerse de su hallazgo. Si se roba el fuego, hay que cuidarlo, si no todo acabará en un incendio.
Epitemeo, en cambio, con su prefijo epi (después), es el que piensa una vez ya actuado y por eso descubre los resultados imprevistos de sus actos. Hoy reconocemos en la figura de Epitemeo al “ingeniero tecnológico” que investiga y lanza al mundo el producto de su investigación; solo después, cuando el artefacto ha recorrido el mundo y tiene vida propia, comprende lo que ha puesto en marcha. La técnica – como el fuego – no puede ser pensada nunca como un regalo que se olvida. Es una responsabilidad que no tiene fin.
¿Cuáles son los retos que tenemos con la tecnología?
En un poema de Goethe, Prometeo se dirige directamente a Zeus: «Cubre tu cielo Zeus con vapor de nubes y manifiesta tu poder como un niño que descabeza cardos sobre encinas y montañas, pero no te atrevas con mi tierra y mi cabaña, que tú no has construido». Y más adelante: «¿Por qué he de honrarte yo? ¿Acaso has aliviado jamás el dolor del inquieto?». El “Prometeo” de Goethe no se arrepiente ni busca reconciliación. Al contrario, afirma que lo que lo ha hecho hombre no han sido los dioses, ha sido el tiempo omnipotente y el destino eterno, que son señores tanto de los dioses como de los humanos. Y concluye con una declaración que es casi un programa filosófico: «Aquí me mantengo firme, modelando hombres a mi imagen, una estirpe que sea como yo, que sufra, llore, disfrute y se alegre sin estar pendiente de ti, como hago yo».
Recorriendo el mito de Prometeo nos interrogamos sobre nuestra relación con la tecnología que no sabemos cuidar. El mito de Prometeo muestra que el verdadero reto de la tecnología no es crear vida, sino no abandonarla. Hay un sarcófago romano del siglo II en la que se ve a Prometeo modelando al primer ser humano con sus manos, dándole forma y amasándolo. Lo interesante de esta imagen es que muestra que Prometeo no puede terminar su obra en solitario, es decir, no puede dar él solo vida a un ser humano, como si dar vida solo consistiese en modelar la carne o en dar una forma a un amasijo de barro. Se necesita algo más.
Una de las ideas que más ha perdurado a lo largo del tiempo es que el ser humano es lo que es por su capacidad racional. El ser humano es ante todo logos, decía Aristóteles. De ahí que solo podemos crear a un ser humano si podemos darle un alma, una mente y la razón. Lo que introduce Atenea como diosa de la razón en ese amasijo de materia es el movimiento, introduciendo una mente y la capacidad del discurso dentro del viento común que nos acuna a todos.
Prometeo, en la imagen del sarcófago, necesita la ayuda de la diosa Atenea, que es la diosa de la razón, y la necesita para que introduzca dentro de ese conglomerado de nervios, carne y huesos que somos los humanos, el soplo de razón vital que nos permite ser algo más que un autómata, ser un humano.
Mary Shelley y el problema de la criatura no amada
La técnica no puede ser pensada como algo que se olvida, sino como una responsabilidad que no tiene fin. Esta es la intuición que Mary Shelley formalizó narrativamente en Frankenstein o el moderno Prometeo, que es el subtítulo que Mary Shelley eligió en 1818 para su novela, que no es una novela de terror en el sentido que le daría el siglo XX, es más bien “una novela filosófica”. Sus referencias a Rousseau, a la Ilustración, a los debates del Romanticismo sobre la naturaleza y la razón no son decorativas, son el núcleo del libro.
Lo que Shelley plantea no es la pregunta de si podemos crear vida. Es precisamente el desafío “modelar hombres a la propia imagen” lo que Frankenstein lleva a sus consecuencias más oscuras. Como el creador modela la criatura a su imagen, la criatura hereda sus limitaciones, sus miedos, su incapacidad de relacionarse con lo que ha creado. Víctor Frankenstein proyecta en su criatura su abandono, además de sus capacidades.
La pregunta es qué ocurre cuando creamos y luego lo abandonamos. Víctor Frankenstein no es destruido por haber creado un monstruo, es destruido por no haber sido capaz de amar lo que creó. En la novela su criatura es extraordinariamente elocuente, sensible, capaz de aprender y de sufrir, no es el monstruo que nos han pintado el cine. Su monstruosidad no es ontológica, sería relacional: es el efecto del abandono. Así que la verdadera transgresión moderna -el Prometeo moderno- no es el que roba el fuego, el Prometeo moderno es el que no sabe qué hacer con él una vez que lo roba e irresponsablemente deja que el incendio se propague.
El problema no está en el acto de creación, sino en la relación que se establece entre el creador y la criatura. Frankenstein quiere el resultado sin querer la responsabilidad, Frankenstein quiere el poder prometeico sin la Sorge (cura, cuidado) que le corresponde. Nada es más contemporáneo que querer el resultado sin querer la responsabilidad. Y aquí la novela conecta directamente con las preguntas más urgentes del presente: ¿qué relación establecemos con los sistemas que creamos? ¿Qué tipo de cuidado deberíamos aplicar? ¿Y qué pasa cuando desplegamos tecnologías cuyas consecuencias no hemos pensado?
Tecnología y filosofía: un diálogo necesario
Siempre ha existido un desfase entre la velocidad de desarrollo de la tecnología y el tiempo que tarda la filosofía en ofrecer una respuesta apropiada a su posible impacto. La secuencia es lógica y razonable, pero parece que con la llegada de la inteligencia artificial esta brecha de tiempo está creciendo significativamente. La aparición de la inteligencia artificial está revolucionando casi todas las disciplinas. ¿Es también el caso de la filosofía?
Muchos avances que se producen en tecnología resultan útiles y atractivos, pero también producen desconfianza. Un ejemplo es la inteligencia artificial (IA) generativa, que, destacando la aplicación ChatGPT, ha disparado las alarmas en varios ámbitos por los riesgos potenciales asociados. Llama la atención que una máquina sea capaz de expresarse de forma tan natural y espontánea, como lo haría una persona, aunque en ocasiones falle en sus contestaciones. Su impacto se desconoce y sus riesgos también. Algunos ya proponen pausar o regular esta tecnología hasta que se aclaren algunos aspectos esenciales de su diseño y operatividad, con tal de poder ofrecer una respuesta ajustada y apropiada.
Hay una fábula que atestigua al menos desde el siglo IV a.C., recogida por Rousseau, que captura mejor que cualquier argumento abstracto la naturaleza de la técnica. Esta fábula cuenta la historia de un sátiro que ve el fuego por primera vez y, maravillado, quiere abrazarlo y besarlo. Prometeo lo detiene exclamando: “Si haces eso, llorarás la pérdida de tu barba, porque el fuego quema cuando toca”.
En esta imagen reside todo el problema de la técnica y los debates contemporáneos. El fuego, como símbolo de la creación, nos quema si nos acercamos, no es neutro, no hace lo que queremos que haga. Tiene unas fuerzas, unos flujos, unas inercias. Su ser no depende de lo que queremos o de nuestras intenciones. No podemos pensar un fuego sin el ardor, es decir, no podemos pensar un fuego que no tenga un riesgo o entrañe un peligro.
La modernidad tecnológica ha tendido a negar este aspecto. Ha creído durante mucho tiempo que la ambivalencia era un problema de diseño, no de esencia, que el progreso técnico consistía en ir avanzando hacia un fuego cada vez más controlado, cada vez menos peligroso. Pero la experiencia del siglo XX —y lo que llevamos del XXI— sugiere lo contrario, sugiere que a medida que aumenta la potencia técnica, aumenta también la magnitud de la ambivalencia. Las tecnologías más poderosas son las más ambivalentes, no las menos.
¿Cómo es que se popularizó tan rápido esta idea de que la técnica no es ni buena ni mala, sino que depende de quién la use? Los debates actuales sobre la inteligencia artificial recién empiezan. La empresa estadounidense Anthropic lleva tiempo abogando por la regulación pública de la IA: en un ensayo publicado el miércoles 10 de junio de 2026, su director ejecutivo, Dario Amodei, expuso los argumentos a favor de un sistema de evaluación obligatorio para los modelos más potentes, inspirado en la aviación civil, que otorgaría al gobierno la facultad de bloquear su uso.
Sin embargo, Anthropic subraya que esto debe realizarse en el marco de un proceso legal transparente, justo, claro y basado en hechos. El martes 9 de junio, Fable 5, el primer modelo de la clase Mythos, la línea más avanzada de Anthropic, se lanzó al público. La empresa reveló la existencia de Mythos a principios de abril, pero restringió su uso a un consorcio de empresas e instituciones, el Proyecto Glasswing, debido a su vulnerabilidad a los ciberataques.
La relación de Anthropic con la ética de la IA es un aspecto clave de su identidad corporativa. Cabe destacar su IA constitucional, cuyos modelos se entrenan para evaluar sus respuestas según un conjunto de normas escritas -su Constitución- y así garantizar que se adhieran a los límites éticos. Anthropic emplea a filósofos para guiar el “carácter” de la IA y mejorar su razonamiento en relación con decisiones subjetivas, éticas y morales.
La seguridad, que Anthropic ha convertido en una de sus principales fortalezas, está generando fricciones entre la empresa y la administración Trump. A principios de marzo, el Pentágono rescindió sus contratos con la compañía, considerándola un riesgo para la cadena de suministro. Anthropic, cuyos modelos eran los únicos clasificados, presentó una demanda alegando que fue penalizada por no permitir el uso de la IA para la vigilancia masiva o el desarrollo de armas autónomas.
A principios de mayo, el Papa presentó su primera encíclica sobre el tema junto con Chris Olah, cofundador de Anthropic. La primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, busca salvaguardar a la humanidad en la era del desarrollo de modelos de inteligencia artificial. El Papa León XIV anunció que la Iglesia Católica colaborará con Anthropic para ayudar a la humanidad a encontrar un camino a seguir en esta era de rápido progreso tecnológico.
El Papa afirmó que “la inteligencia artificial debe ser desarmada», reconociendo que su lenguaje es deliberadamente contundente porque este momento exige palabras capaces de captar la atención, despertar conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad”. Al igual que la energía nuclear, la IA debe ser “liberada de la lógica que la transforma en un instrumento de dominación, exclusión y muerte”, para que toda la humanidad pueda beneficiarse de ella, declaró el Papa León XIV.
Un humanismo integral es el antídoto de León XIV contra la deriva tecnocrática: permanecer humanos en la era de los algoritmos. Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que existe para ser explotado. En la encíclica “Magnifica humanitas”, el Papa León XIV hace un llamado a que “la técnica crezca sin que el corazón retroceda”. León XIV ante la IA, apuesta por lo humano. Ante un mundo que deshumaniza las relaciones sociales, la economía, la política y, por ende la sociedad, el Papa León XIV levanta la bandera de lo humano, apostando por aquello inalienable y que ninguna máquina podrá igualar, al ser humano. La expectativa generada por la primera encíclica de León XIV no responde únicamente a la coyuntura que presenta el tema de la tecnología y de la IA, sino a una realidad más profunda, la existencia y el futuro de lo humano.
Inteligencia artificial: una ayuda en el rendimiento de la creación filosófica
Y esta es la pregunta: ¿es posible volver a tiempos anteriores a Prometeo? ¿Podemos volver a un tiempo donde no estemos atravesados por el mundo y sus inquietudes? En un pasaje Rousseau afirma que “el hombre que medita es un animal depravado”, y que la naturaleza nos ha querido preservar de la ciencia “como una madre arranca un arma peligrosa de las manos de su hijo”. Esta nostalgia del estado de naturaleza tiene una poderosa seducción estética, pero no podemos volver a ese estado pre-reflexivo.
Antes de procesarlos, el sistema tendría que acceder y orquestar tal disparidad de datos. Además, habría que entrenar la máquina para que vaya aprendiendo, primero en una fase supervisada por humanos y, posteriormente, con un modelo de aprendizaje auto-supervisado, dada la ingente cantidad de información a asimilar. A partir de aquí, este sistema de inteligencia artificial tendría que ser capaz de generar abundantes propuestas de conceptos. Básicamente, se trataría de utilizar algoritmos de tratamiento de lenguaje tipo LLM (Large Language Models), capaces de leer y sintetizar los datos. Esto permitiría predecir palabras y oraciones, pero se combinaría con otras técnicas de IA, de manera que se obtenga un modelo adaptado al ámbito filosófico que deseamos afrontar.
No bien se generen propuestas, es necesario disponer de una especie de filtro automático que sea capaz de clasificar las propuestas en tres grupos: útiles, dudosas y descartables. Obviamente, el sistema tendría que eliminar los resultados tautológicos, repetitivos y ya existentes, además de mitigar los sesgos y contenidos tóxicos que puedan aparecer. La inteligencia artificial puede ofrecer una respuesta y ser parte de la solución. El sistema se tendría que nutrir de múltiples contenidos relativos a la filosofía, además de incorporar una base más amplia y genérica de datos desde otras disciplinas. Comportándose como un asistente virtual para el filósofo, la seguridad estaría garantizada, ya que el filósofo siempre sería el que daría el beneplácito a los resultados. Esto es equivalente a lo que se conoce en el argot técnico como human-in-the-loop -modelos de inteligencia artificial que requieren la intervención humana.
En 1996, el campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov fue batido por el ordenador “Deep Blue”. En aquel tiempo, Kasparov ya utilizaba las máquinas para entrenarse, pero quedó sorprendido con aquel resultado. No obstante, pensó que la combinación entre el humano y la máquina ofrecía una solución mejor a la existente. El denominado “ajedrez avanzado” nació de esta experiencia, una competición entre jugadores ayudados por máquinas. Kasparov afirma que, para él, la inteligencia artificial no es inteligencia artificial, sino “inteligencia aumentada”.
En definitiva, la propuesta de utilizar un modelo de inteligencia artificial como herramienta de asistencia para los filósofos podría ofrecer la oportunidad de detectar hilos de argumentos escondidos o de un difícil acceso, generando argumentos que pudieran encajar y abrir a nuevas situaciones. El aumento de la brecha de velocidad entre el desarrollo tecnológico y filosófico podría llegar a cambiar de tendencia. Quizá la utilización de la inteligencia artificial para ayudar a inspirar al filósofo en el desarrollo de soluciones suficientemente satisfactorias.
En relación con la solución no solo satisfactoria, sino definitiva, la muerte es abolida, en el proyecto tecnológico de Peter Thiel. Interpretando la muerte como una rendición incondicional: “La muerte es el gran enemigo”, Thiel declara, haciéndose eco de San Pablo “El último enemigo que debe ser destruido es la muerte”, pero despojándola de su trascendencia y convirtiéndola en un problema de ingeniería. El estancamiento tecnológico y el estancamiento biológico son dos caras de la misma moneda: una sociedad que no crece, envejece y muere.
Esto no es solo teoría. Thiel financia una lucha contra la finitud humana para crear una élite inmortal, convirtiéndose en uno de los primeros partidarios de la Fundación de Investigación SENS (Estrategias para la Senescencia Negligible Ingenierizada). Aubrey de Grey, gerontólogo británico, sostiene que el envejecimiento es la acumulación de daño a nivel celular y molecular que el cuerpo no puede reparar con la suficiente rapidez: si se repara el daño más rápido de lo que se acumula, se vive para siempre.
En el proyecto de Thiel no se trata de “Sorge” (cura, cuidado) para la humanidad, sino de un monstruo elitista que reclama la vida eterna y privatiza el significado del futuro. En su ensayo “El momento straussiano”, Thiel esboza una visión sombría del futuro occidental, atrapado entre el fundamentalismo religioso y un nihilismo secular que ya no cree en nada. La búsqueda de la inmortalidad se convierte en el único proyecto capaz de revivir una civilización exhausta. En un intento por superar el aspecto más inevitable de la condición humana —la finitud—, la lucha contra la muerte deja entrever el extremismo del capitalismo en la privatización del destino biológico. La muerte —ceder ante un competidor biológico— es la derrota definitiva. La longevidad, en el universo de Thiel, es la última frontera del libertarismo: la secesión del propio cuerpo.
Hay algo inhumano y aterrador en el corazón del proyecto de Thiel. Aceptar la muerte implica confiar en quienes nos sucederán. Detrás de la retórica de la “solución de ingeniería” vislumbramos el miedo ancestral a la nada, al que solo la filosofía —y la religión— pueden dar respuesta.
Fin
Bibliografia
Dario Amodei’s “Policy on the AI Exponential“: Regulation, Jobs, Civil Liberties, and Democratic Leadership in the Age of Powerful AI, June 2026
Gabriella Bianco, Itinerarios filosóficos, literarios, teatrales, 2024
“Tengo solo miedo equivocarme en mi muerte”, Prometeo, To Pathei Mathos, pag. 336-339.
Wolfgang von Goethe, Prometeo (Prometheus) es un poema de 57 escrito entre 1772 y 1774.
Mary Shelley, Frankestein o el moderno Prometeo, 1818
Peter Thiel, El momento straussiano, 2025
Stefano Pistolini, La morte come errore di sistema Peter Thiel e l’uomo eterno, articolo del numero di Linkiesta Magazine 01/26
Breve CV de Gabriella Bianco, Dra, PhD
Gabriella Bianco, doctora en “Lenguas y Literatura Comparada” por la Universidad de Trieste y en “Filosofía y Pedagogía” por la Universidad de Urbino, tiene una especialización en “Lingüística y Semiótica” por la misma universidad. Tras finalizar sus estudios de posgrado en “Filosofía, Historia y Educación” en la Universidad de Toronto (Canadá), se doctoró en “Filosofía Política” (PhD) en Estados Unidos.
Paralelamente a una intensa actividad académica desarrollada en diversas universidades y países del mundo (Australia, Canadá, Estados Unidos, Italia, Kenia, México, Argentina), ha dirigido institutos culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores (Italia) en varios países y continentes (Australia, África, América Latina y Canadá).
Ha publicado libros, ensayos y novelas sobre temas filosóficos, éticos y literarios. Escribe para teatro, música contemporánea y cine. Es presidenta de la asociación cultural internacional ASOLAPO-Italia para la difusión de la cultura y el desarrollo del diálogo intercultural. Integra la “Red Internacional de Mujeres Filósofas” de la UNESCO desde 2012, es miembro de la “Societá filosofica italiana” (SFI) en la Universitá Ca’ Foscari (Venezia), como de la “Sociedad Internacional de Teatro del Siglo XXI” en Madrid (España) desde 2018. Integra el “Corredor de las ideas del Cono Sur” desde los años noventa (www.cecies.org) así como la SIP – Society of Italian Philosophy. Es presidenta de la “Academia filosófica internacional DiáLogos” y tiene una columna “La opinión del filósofo” desde hace cinco años sobre temas filosóficos, éticos y sociales (www.internationalwebpost.org)
Ha recibido varios premios por su actividad artística y filosófica en Europa y América, entre los cuales el título de “Profesora Honoraria” de la Northern International University, San Francisco (California) en 2023.
Sus publicaciones y obras de teatro, de música y cine incluyen:
– Educazione e politica: Paulo Freire. (Milano, 1975)
– Oh Lucky Country. Alla ricerca della verginità perduta. (Roma, 1984) –
(Sídney, 1981)
– La transparencia del ser. (Buenos Aires, 1990)
– ¿Dónde está la eterna primavera? Cesare Pavese y Franz Kafka.
(Buenos Aires, 1991)
– Nest. Sonidos de la ausencia. (Buenos Aires, 1992)
– Diálogo con el futuro: Carlo Michelstaedter. (Bs. As., 1993)
– En el camino de la palabra. (Buenos Aires, 1995)
– Mal`akhim – Angels -Angeli (Vancouver 1997) – (Torino, 1998)
– Enigma al femminile. (Castiglioncello, 1998)
– Drum Up the Moon. (Vancouver, 1999)
– Casanova, ovvero la magica follia. (Roma, 2000) – (Mar del Plata, 2001)
– Sólo tengo miedo equivocarme en mi muerte. (Buenos Aires, 2001)
– Wolfgang & Magdalena. (Roma, 2002)
– Mozart and Magdalena. (screenplay) (Hollywood, 2003, 2004)
– Save Venice. (Hollywood, 2004) – (México, 2010)
– Imágenes de la Argentina. (Buenos Aires, 2004) – (Córdoba, 2004)
– Incendio. (Porto Alegre, 2005) – (Buenos Aires, 2011)
– Wolfgang y Magdalena, un amor. (Buenos Aires, 2006) 275
– Salvar a Venecia. (Buenos Aires, 2007)
– Immagini da una poesia, (Roma 2009) – (Buenos Aires, 2009)
– Vertigo – Vertige (Argentina – Chile – Peru 2010 – 2011 -2016)
– Infinitas lunas, infinitos soles (Argentina 2010)
– Infinite Moons, Infinite Suns. (USA, 2010)
– MOZART AND MAGDALENA – USA (2011)
– Mozart & Magdalena. (screenplay) (USA, 2011)
– Concert for Magdalena. (novel) (USA, 2011)
– Save Venice. (Mar del Plata, 2011) – (Venecia, 2015)
– Mozart & Magdalena. L’amoureuse de Mozart, Paris/Montréal, 2014
– LA ROSA DI MONTEVERDI. Presenze, bagliori e assenze, Roma, 2020
– La rosa de Monteverdi, Europa Ediciones, Madrid, 2021
– La rose de Monteverdi, Société des écrivains, Paris, 2021
De la misma autora (en español):
-Cesare Pavese y Franz Kafka: sendas de exilio, Ediciones Epsilon,
Buenos Aires, 1991
-NEST. La metafísica de la ausencia, Ediciones Corregidor, Buenos Aires,
1992
-Nadine Gordimer, o la palabra insuprimible, Ediciones Corregidor,
Buenos Aires, 1992
-La hermenéutica del devenir en Carlo Michelstaedter, Torres Agüero
Editor, Buenos Aires, 1993
-El extrañamiento del ser, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1994 (2da
edición)
-En el camino de la palabra, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1995
-El campo de la ética – mediación, discurso y práctica. Coordinación de
-Gabriella Bianco, Hachette/Edicial, Buenos Aires, 1997
-Epistemología del diálogo. Pensamiento del éxodo, Editorial Biblos,
Buenos Aires, 2002
-Búsquedas de sentido para una nueva política. Coordinación de Elisa
Carrió y Diana Maffia, Paidós, Buenos Aires, 2005
-La amante de Mozart, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2006
-La Impaciencia de lo absoluto en Carlo Michelstaedter y Simone Weil,
Ediciones Suárez, Buenos Aires, 2007
-Implacables Ausencias. Nach Congo und anderswohin, Editorial Dunken,
Buenos Aires, 2009
-Infinitas lunas, infinitos soles, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2010
-Walter Benjamin, ein schmerzliches Herz – un corazón doliente, Buenos
Aires, 2012
-Tiempos de cambio, tiempos de revolución. Para un humanismo
revolucionario, Buenos Aires, 2013
-La provocación de la verdad y la soledad de la obra, (dos volúmenes),
Buenos Aires, 2016
-La rosa de Monteverdi, Buenos Aires, 2016
-La condición humana en la era de la posverdad, Biblos, Buenos Aires
(E. Dussel, G. Bianco, M. Lobosco, M. Santagada y otros), 2018
-La rosa de Monteverdi. Novela y teatro, Buenos Aires, 2018
-La rosa de Monteverdi, Europa Ediciones, Madrid, 2021
-Itinerarios filosóficos del siglo XX, 2023
-Itinerarios filosóficos, literarios, teatrales, 2024
-Itinerarios ético-filosóficos del siglo XX al siglo XXI, 2026
-EN DIALOGO – IN DIALOGUE, obra colectiva, 2026


