Artes visuales

Luis Felipe Noé

“El acto creador es la respuesta a todo aquello que se nos escapa”

Por ADRIANA GASPAR y PATRICIA FAYT


Entrevista exclusiva de GAALC a uno de los pintores más importantes de nuestro país: Luis Felipe Noé, quien integrara en los años 60 junto a Macció, De la Vega y Deira el destacado grupo “La Otra Figuración”

G.A.A.L.C.: ¿Cómo surge la exposición de 1961, con “La Otra Figuración”? ¿Cómo surge el grupo?

L.F.N.: El grupo surge como todas las cosas en la vida, de una forma muy natural Nuestra exposición se llamó “La Otra Figuración” ya que del término “Nueva Figuración” se comenzó a hablar internacionalmente un poco después.
El contexto era de una guerra entre los figurativos y los abstractos, que se odiaban entre sí.
Mi primera exposición fue en el año `59. Yo estaba en el contexto de destacar figuras del gesto. Había habido una muestra de Macció que también estaba dentro de esta tónica. A nosotros nos interesaba hacer una experiencia que fuera una reacción hacia la otra pintura, abstracta, totalmente bien terminada, pero con el protagonista de la vida y la sensorialidad que es el hombre, sin destruir la figura y que salga de la experiencia de la figura abstracta.
El día de la inauguración le entusiasmó mucho mi exposición a Alberto Grecco, líder del informalismo y también a Jorge de la Vega, a quien ya conocía desde antes pero que estaba haciendo pintura geométrica. Así es como comienza mi relación con ellos y mi padre me presta un lugar en la fábrica de sombreros de mi abuelo, en la Avenida Independencia. Grecco luego se abrirá porque el creía que era un retroceso volver a una alusión figurativa y se suma Deira. La idea primera era la de formar un grupo y luego la de hacer un movimiento.

G.A.A.L.C.: ¿En ese lugar de la calle Independencia empezaron a trabajar todos?
L.F.N.: Trabajamos Greco, Macció y yo, hacia 1960 y 1961. Luego nos vamos a Europa y a la vuelta, como la casa se había vendido, vamos a trabajar al taller original de Deira. Ahí es donde se acelera todo el proceso.
En 1962, la Galería Bonino nos invita a exponer, y si bien nuestra primera exposición fue un éxito, empiezo a ver que me estaba equivocando, porque si había sido tan exitosa era porque no estaba revelando nada nuevo.
Entonces comienzo a pintar con tensiones, para romper con el concepto de unidad del cuadro. Lo que yo decía en ese momento era: si una obra es una, la unidad es la obra, no hay que conseguir otra unidad por encima de la unidad implícita. Ahí entonces trabajo con la ruptura.

G.A.A.L.C.: Esto fue en ese momento. ¿Ahora usted piensa que sigue siendo como un tabú, como un mito el tema de la unidad?
L.F.N.: Ahora no y ahora sí, porque los profesores siguen diciendo las mismas cosas de antes, repitiendo las mismas tonterías de los profesores que les enseñaron a ellos. Pero entre tanto el mundo de la publicidad ha roto con todo, no actúa con el concepto de unidad.
A medida que voy planteando el tema de la ruptura, las obras se me van transformando en Instalaciones, cuando la palabra Instalación no existía; es el año en que publico “Antiestética”. En ese momento ya había roto el plano y volver al plano me parecía retroceder. El hecho de hacer y deshacer me hizo entrar en crisis, obras que me gustaban tenía que deshacerlas, esto explica el por qué dejo casi 10 años de pintar.

G.A.A.L.C.: ¿Cómo se produce el retorno?
L.F.N.: En el ’63, año en que gano el Premio Di Tella, me voy a Estados Unidos. De vuelta aquí, de algo tenía que vivir. Regreso a la pintura a través de mis alumnos y a su vez con otra temática porque estaba tan metido en el caos humano que no veía la naturaleza. Alquilo una casa en el Tigre, entre tanto los alumnos me preguntaban como se pintaba un paisaje y tuve que respondérmelo a mí mismo. Así surge la serie “La Naturaleza y los Mitos”, estos eran la parte que me quedaba a mí de caos, con esos personajes que salían mezclados con la naturaleza.
En 1976 me voy a Francia. Ahí mi pintura toma un matiz simbolista, es el momento de las series de “La naturaleza de”… tal cosa, “La naturaleza de…” tal otra, “El odio”, “El amor”, “El deseo”, “El poder”, etc., interpretados con ritmos de naturaleza.

G.A.A.L.C.: ¿Cuándo vuelve a realizar instalaciones?
L.F.N.: El año pasado, Glusberg me propone hacer una instalación y retomo el hilo con el tema de la historia, era el momento de las constituyentes y entonces hago una instalación que llamo “Instalación Institucional”. Así como tardo 10 años en volver a pintar, tardo 29 años en volver a hacer una instalación.

G.A.A.L.C.: ¿Cómo relacionaría usted los conceptos que expresa en su libro antiestética, con el pos modernismo actual?
L.F.N.: No tiene nada que ver en espíritu y tiene que ver en algo. Cuando yo escribí “Antiestética”, de la palabra pos modernismo no se hablaba y yo me sentía modernísimo, sumamente de vanguardia, nada que ver con el espíritu de pos modernidad y de escepticismo sino todo lo contrario, En lo que tiene que ver es que se adelanta en el concepto de esas vanguardias que una sustituye a la otra. Por empezar, yo no creo que exista la pos modernidad…

G.A.A.L.C.: ¿Por qué?
L.F.N.: Porque creo que estamos sumidos todavía en todas las consecuencias de la modernidad, no veo donde existe la posmodernidad. Lo que creo que hay es una crisis del espíritu de las vanguardias.
Si creo en la necesidad de trabajar con toda la experiencia de la pintura, si a eso lo llaman pos modernidad, bueno llamémoslo pos modernidad.
Usted había hablado del caos y cree en el caos como valor ¿Puede desarrollar un poco más el concepto?
Esta es una idea que nace cuando hago “Antiestética” y es en relación a todo esto de asumir mi época en cuanto a estructura que se va haciendo y deshaciendo.
Luego hablaré de asunción del caos, no de rechazarlo sino de entenderlo. Asumir el caos no tiene nada que ver con poner orden en el caos, porque es un disparate como concepto. Caos es un orden haciéndose. Asumir el caos es entender que es lo que nos pasa. En la actualidad me parece que el concepto de poner orden en el caos es como querer tapar una olla grande con la tapa de una cacerola más chiquita, se cae al fondo, entonces se suma al caos. Es decir, todo supuesto anterior de orden que participe dentro de la estructura viviente se suma al caos. Por ejemplo el nascismo, el fascismo, que vinieron con el concepto de orden y se sumaron al caos.

G.A.A.L.C.: ¿Cuál sería la naturaleza del acto creador?
L.F.N.: Creo que la naturaleza del acto creador es puramente lingüístico, pero no el lenguaje simplificado al lenguaje de las palabras. Por empezar, el acto creador es el acto de nombrar las cosas, es estar relacionándose con las cosas, interpretándolas y entendiéndolas. El acto creador es la respuesta a todo aquello que se nos escapa. Cuando uno está creando algo, uno está dejando de ser uno para ser su objeto. Por eso me gusta la famosa frase de Rimbaud “Yo soy otro”, pero ¿Dónde era otro? ¿En la vida común? No, era otro en el quehacer creativo.

G.A.A.L.C.: ¿Cómo que se separarían el hombre del artista?
L.F.N.: No, no es eso. El artista es una categoría burguesa de circulación, No creo mucho en que existan artistas. Cualquier persona tiene esa vivencia, de transportarse, lo que pasa es que a veces uno está en la banalidad de las cosas, pero si uno está dentro, uno percibe que hasta en las cosas más banales uno está jugando con esa ficción que es el lenguaje, que convierte en realidad cosas que no son precisamente del sistema de la realidad. En este sentido creo que en arte es lo que llevó a Picasso a decir “El arte es una mentira que ayuda a entender la verdad”.

G.A.A.L.C.: ¿Qué compromiso tiene el artista con la sociedad?
L.F.N.: En un momento tenía relación con la lucha social, política, pero yo creo que el compromiso del artista es con su propio quehacer y cada uno lo asume a su manera. Lo importante es que asuma el compromiso en cuanto artista que es.

G.A.A.L.C.: ¿Por qué no nos habla de la retrospectiva del museo?
L.F.N.: La ordené en cinco períodos cronológicos hasta los ’80, en cinco sectores, y en los otros cinco sectores hubo obra realizada después de los `80. La armé con esa idea y de común acuerdo con Glusberg, y con ese mismo concepto, él hizo los carteles donde se explicaban los distintos procesos. Además me dijo que concibiera la exposición como si fuera una obra mía y así lo hice, con el mismo criterio de una instalación.
Las tres cosas que me llamaron la atención de esta exposición fueron: la cantidad de gente que había, que la gente mirara los cuadros -porque uno está acostumbrado a que la gente pase por los cuadros como si anduviera en bicicleta- y la tercer cosa es que por lo general la gente confunde juzgar con comparar, compara cosas que no tienen nada que ver y que son incomparables, ahí estaba todo para comparar y no comparaban.

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