Letras

Eduardo Aliverti

“A mí no me gusta jugar al periodista liberal”

Entrevista de HÉCTOR FREIRE y ROBERTO DI VITA

“El mito de la comunicación es un mito de derecha, porque privilegia el acontecimiento por sobre el proceso, el mostrar por sobre el trabajar, el beneficio por sobre el desinterés.”
*Régis Debray

En una entrevista exclusiva para G.A.A.L.C., el reconocido periodista Eduardo Aliverti, nos comenta sobre su profesión, la relación entre cultura y medios, y reflexiona sobre la comunicación como reveladora del estado de nuestra sociedad.

G.A.A.L.C.: ¿Quién es Eduardo Aliverti?
E.A.: Digamos que nací el 3 de Enero del 56, en Caballito y desde el punto de vista conceptual o profesional, podría definirme como un tipo de los 70″, que encontró primero en la locución y después en el periodismo la posibilidad de canalizar sus deseos de cambiar el mundo.

G.A.A.L.C.: ¿Sos locutor?
E.A.: Sí yo soy locutor nacional recibido. En realidad entré al periodismo por la puerta de la locución, porque siempre tuve claro que mi voz y la posibilidad de trabajarla, como es a través de la carrera de locución, me iba a permitir cortar por un atajo en mi llegada al periodismo desde lo comunicacional. Me recibí en el año 1977 de locutor, e inmediatamente entré a trabajar en la Madrugada de Radio Continental, hasta que en el año 81 llega el famoso programa de fin de semana “Anticipos”. Y a partir de ahí la historia ya es más conocida y desemboca en lo que casi todos conocen, que es “Anticipos”, “Sin anestesia”, “El protagonista”, “Palabras cruzadas”, “Esta boca es mía”.

G.A.A.L.C.: ¿Qué pensás con respecto a la problemática de los medios de comunicación y su relación con la cultura?
E.A.: Todos los programas llevan una carga cultural, lo que pasa, es que en líneas generales, el concepto de cultura en la Argentina se asocia a “Lo Académico”, del mismo modo en que la generalidad de los actores sociales confunden Cultura con Instrucción. En realidad cultura es todo aquello que emana por condiciones sociales, y búsquedas individuales de la mente y de la mano humana. También es cultura la forma de cebar un mate, o de asar un churrasco. No sólo Borges es cultura. La instrucción es otra cosa, es formación educativa.
En ese sentido todos los programas televisivos y radiales, tienen cargas culturales. Hay también otra distorsión que tiene que ver con la concepción maniquea de la cultura: o se la asocia al aburrimiento, o por el contrario se la asocia a la chabacanería y al mal gusto. En medio de esta discusión se pierde el punto de equilibrio entre lo popular y no populachero, y lo cultural no falsamente académico.

G.A.A.L.C.: ¿Qué relación hay entre Literatura y Periodismo?
E.A.: Yo creo que son hermanos mutuos, en cuanto a que es difícil encontrar la frontera en donde termina el periodismo y empieza la literatura, o viceversa. Todo periodista ejerce un hecho literario, por lo menos si estamos hablando de periodismo en el plano gráfico. Por cierto hay quienes cumplen los dos roles a la perfección, por ejemplo si pensamos en García Márquez, uno de los más grandes novelistas y un periodista excepcional. Uno piensa en periodistas que escriben mal, y en literatos que no podrían hacer periodismo. Pero como producción gráfica, la frontera es absolutamente difusa. En todo caso hay un hecho que marca un punto de inflexión, la revolución audiovisual. Corno docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación -yo soy jefe de la cátedra de radio- de la UBA me encuentro con chicos que jamás podrían pensar el periodismo desde la Literatura, sólo lo piensan desde la radio y la televisión.

G.A.A.L.C.: ¿Qué reflexión te merecen las opiniones de Régis Debray, con respecto a los cambios en los medios, y a la diferencia que establece entre transmisión y comunicación?
E.A.: La comunicación supone un ida y vuelta, y supone producción cultural a ambos lados de la línea. La transmisión en cambio, registra solamente a uno de los actores. Yo coincido con Debray en la comunicación entendida como difusión, o como transmisión, es una creación de la derecha, desde el punto de vista del hacer creer que comunicación consiste en llamar a la radio y/o a la TV, y que te pasen el mensaje. Eso no quiere decir que hay dos del otro lado de la línea, porque no hay una producción, ni organizaciones populares que tengan acceso a los grandes medios, ni hay una horizontalidad democrática en el acceso a los medios. En ese sentido tiene razón Debray. Además estamos viviendo una realidad en que cada vez hay más medios concentrados en cada vez menos manos. Hay un show de corporaciones periodísticas que manejan todos y cada uno de los segmentos de la revolución científico-técnica, y del periodismo habitual, llámese Cable, Pc, TV, Radio, Diario, Revista, Satélites, etc. Todo eso, no sólo no horizontaliza, sino que por el contrario definitivamente verticaliza el mensaje comunicacional, porque a más corporación mayor imposibilidad de acceso de parte de aquellos que no tienen el poder de acceder.

G.A.A.L.C.: ¿Cuál es el mejor periodista, aquel que “baja línea”, o el que deja reflexionar al lector o aquel que manipula información?
E.A.: El que baja línea no puede ser nunca un buen periodista, el que sólo haga reflexionar a la gente, no existe, parte de una premisa falsa que es la existencia de objetividad, y nada más falso que esa base. Si no entendemos que primero somos todos sujetos políticos y después aquello que profesamos como profesión, creo que no entendemos nada. Por ejemplo tomemos un hecho puntual y reciente, la aparición televisiva de Massera; allí se reflejaron dos posturas: la de quienes sostenemos que no debe entrevistarse a  un genocida, porque primero que periodistas somos ciudadanos concientes de nuestro deber de no propender a la barbarie. Y aquellos que pensaban que la madre Teresa de Calcuta, Hitler y Masera dan exactamente lo mismo, de cara a que mi función es entregar a la reflexión colectiva el reportaje a todos. Esto no es así, a mí no me gusta jugar al “periodista liberal” en ese sentido, porque entonces, si hay que entrevistar a Masera porque es noticia, porque no se entrevista a la gente del asentamiento de Quilmes. No me gusta que se caiga en esas trampas. Yo soy primero un sujeto político, tengo mi ideología, adapto mi ejercicio del periodismo a mis convencimientos sobre lo que es la justicia y el derecho, y a partir de allí hago periodismo. No miento sobre la objetividad. De manera que el mejor periodista, es el periodista sincero consigo mismo, respecto de que primero es un sujeto político con pensamiento, y después ejecuta su pensamiento en el ejercicio de la profesión. Volviendo al ejemplo de Masera, creo que en realidad no fue un reportaje, sino que se le permitió a Masera hacer su propio alegato.

G.A.A.L.C.: ¿Hay margen en los medios para el debate de ideas y la crítica reflexiva?
E.A.: En el caso de la radio y la televisión, el margen para el debate de ideas es virtualmente nulo, y por varias razones: en primer lugar, por el sometimiento al tiempo. En segundo lugar por el condicionamiento ideológico, cada vez más fortalecido que supone el hecho de que podés hablar, en tanto y cuanto tengas anunciantes que te respalden. Y cuando pasás a depender de los anunciantes, pasás a depender de qué podés decir y no podés decir según quién auspicie tu permanencia. Las posibilidades que los periodistas podamos llegar a tener de cambiar ciertas estructuras y de dar lugar a ciertos mensajes, está en relación directamente proporcional a cómo la sociedad sea más o menos conformista, más o menos revolucionaria. Nosotros no podemos estar en condiciones de dar más pasos que los que proyecta la sombra de la sociedad. Si tenés una sociedad desmovilizada, fragmentada socialmente, resignada vas a tener los medios que tenés.

G.A.A.L.C.: ¿Qué condiciones deberían reunir los futuros comunicadores sociales?
E.A.: Unas cuantas, lo primero es tener claro qué quieren hacer comunicacionalmente, porque el nivel de desorientación vocacional en la Argentina es altísimo. El segundo elemento clave es lograr que los estudiantes tengan contacto empírico con el ejercicio del periodismo. Por lo general, las carreras de Ciencias de la Comunicación, adolecen en nuestro país, de una universalidad teoricista absoluta. Dicho en otros términos: un estudiante de Ciencias de la Comunicación hoy egresa sabiendo cruzar teóricamente a Eco con Mc Luhan, pero no saben redactar una simple gacetilla, o no pasó durante los cinco años de su carrera por un micrófono, y esto es gravísimo.
Porque el golpe que se provoca en materia de desazón de ese estudiante que egresa, probablemente no tenga retorno. Por eso creo que un requisito fundamental sea la necesiDad de contactarlos con la práctica, con las trampas de los medios, que aprendan a “jugar con la cancha embarrada”, de que no se puede decir nunca todo. Y de que en todo caso si, la frontera ética es que podés estar obligado a callarte cosas, porque de pronto a un anunciante no le gusta. Pero nunca podés estar, ni tenés porque estar obligado a decir cosas, Ahí sí pasás a ser un “lobbysta” y no un periodista.

*Regis Debray: legendario pensador francés, autor de grandes ensayos como ser: Curso de mediología general (1991), Vida y muerte de la imagen (1992) y el más reciente El Estado Seductor.

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