Medios

Lorenzo Quinteros

“Los premios son fiestas de vanidades”

Por ELENA BARILE y NOEMÍ CÁCERES

 

Entrevista exclusiva de GAALC a uno de los actores más destacados de nuestro país, Lorenzo Quinteros. Sus comienzos, sus impresiones acerca de los distintos medios artísticos y lo atinente a la formación del actor son algunos de los ternas desarrollados por Quinteros en la presente nota.

G.A.: ¿Cómo fueron tus comienzos?
L.Q.: Yo soy cordobés, de un pueblo chiquito de la provincia de Córdoba. Empecé mirando, me gustaba mucho el teatro, a mi padre también le gustaba, entonces me llevaba a ver circos criollos que pasaban por ahí o las compañías de radioteatros.
Cuando tuve 14 o 15 años se formó un grupo vocacional en el pueblo y me incorporé. Siempre pensé que cuando terminara el secundario me iba a venir a Buenos Aires a estudiar y así lo hice posteriormente. Ingresé en el Conservatorio, lo que es ahora la Escuela Nacional de Arte Dramático.

G.A.: Entonces sos un hombre de teatro…

L.Q.: Sí, porque no hago otra cosa. En general todas mis actividades están en relación al teatro.

G.A.: Sin embargo te conocen por el cine…
L.Q.: Es verdad, el público en general me conoce por el cine y por la televisión, pero porque son las reglas del juego, es por lo que la gente conoce a los actores. Aunque hay gente que me reconoce por el teatro, lo cual me da mucha alegría. De pronto encontrarme por la calle a alguien que me vio en La Metamorfosis, en El Resucitado o en Saverio el Cruel.

G.A.: ¿Por qué no trabajás en televisión siendo que sos tan conocido?
L.Q.: No lo sé, habría que preguntárselo a los productores de televisión, es extraño porque las veces que trabajé en televisión hice cosas que dieron muy buen resultado, fueron cosas que no pasaron desapercibidas. Son esas cosas que pasan en la televisión que nunca voy a llegar a entender, por qué eligen la gente que eligen, por qué eligen determinados tipos de programas…

G.A.: ¿Qué figuras preferenciales tenés en tu profesión?
L.Q.: Hay mucha gente que a uno lo estimula. En la Argentina estimula un tipo corno Alfredo Alcón, fundamentalmente por la capacidad de producción que tiene y por su compromiso con la cultura. Pero a mí me ha estimulado mucho otra gente, Nestor Noceda, que fue mi primer maestro y que de alguna manera me amparó en determinados momentos como cuando llegué a Buenos Aires y no conocía prácticamente a nadie y además por todo lo que me enseñó. Después recuerdo grandes compañeros de trabajo como Ulises Dumont, Gianni Lunadei o el mismo Alcón cuando trabajé con él y muchos más que en este momento no recuerdo. Tenemos también directores que enseñan mucho porque no solamente te dirigen, como pueden ser Roberto Villanueva, Augusto Fernández o Ure que son las figuras referenciales más allá de aquellos otros que uno conoce a través de los libros o de las películas extranjeras.
A mí me sirvió mucho en mi juventud haber leído a Artaud  que coincidía con mis necesidades de investigar y otra gente que a veces está afuera de la literatura del teatro u otra que está dentro de la literatura y que uno no conocería porque están muertas, como puede ser Shakespeare. Cada vez que lo leo se me constituye como una figura que me educa, que me guía.

G.A.: ¿Hiciste alguna vez dirección?
L.Q.: He dirigido varias veces, ahora hace bastante que no lo hago pero voy a volver a hacerlo pronto en el Teatro San Martín con la última obra de Jacobo Lagner que se llama Otros Paraísos. También parece que este año voy a dirigir una obra de Veronese que creo que es la última de él. En el San Martín. dirigí -por ejemplo- El Gigante Amapolas de Alberdi y Florita la Niña Perseguida de Bernardo Carey.

G.A.: ¿Crees que es escencial egresar del conservatorio Nacional o Municipal para ser un buen actor?
L.Q.: No, primero porque si es por estudiar se puede estudiar también fuera de ahí, la pedagogía a nivel oficial en la Argentina está como toda la enseñanza bastante descuidada, bastante minusválida, entonces muchas veces el alumno busca profesores fuera de la enseñanza oficial y de hecho hay un gran desarrollo de la enseñanza teatral privada en nuestro país y yo creo que es bastante buena en términos generales.
Pero por otra parte creo que no es necesario estudiar para ser actor, se estudia para perfeccionarse, para que el profesor te pueda señalar que es lo que te conviene o no te conviene desarrollar de vos mismo, para que te ayude, pero no se es actor porque se estudie.

G.A.: Entonces, redondeando, ¿Qué pensas de los que se forman en talleres particulares?
L.Q.: Tienen las mismas posibilidades de ser buenos actores que aquellos que se educan en la escuela oficial. Lo que ocurre es que las escuelas oficiales tienen muchas materias y esto permite quizás un saber cultural mayor con respecto al teatro, pero en lo que tiene que ver con la actuación propiamente dicha, no hay diferencia. Pienso que la pedagogía teatral es buena en el sentido de que para aquel que tiene elementos, pero los tiene un poco en estado virgen le viene bien para ordenarlos, y para aquel que no tiene talento o no tiene muchas condiciones le viene bien para saber cómo es y qué le sucede con el teatro, aunque nunca llegue a ser un gran actor. El teatro hace bien a la vida, amplía el conocimiento y la experiencia vital, más allá de que seas o no un actor, casi les diría que es secundario eso. El tema de la profesionalización, a mí no me parece fundamental.

G.A.: ¿Con qué textos trabajás?
L.Q.: En general elijo grandes textos, de autores nacionales o extranjeros. El año pasado trabajé en un taller con Lorca, en otro con Shakespeare y en otro con Roberto Arlt, o sea, con grandes autores y con grandes textos. Es importante que el texto le ponga al alumno un desafío, que no sea un texto tonto o vulgar, porque el alumno así no aprende o aprende menos, porque tiene menos obstáculos.

G.A.: ¿Te molesta que en televisión -que es un medio de trabajo muy importante para el actor- estén trabajando modelos o adolescentes sin experiencia?
L.Q.: No sé si la palabra molestarme es adecuada, en todo caso hace que yo no vea televisión, porque me parece horrible, porque para todas las cosas existen los oficios. Ver algo que tiene que ser hecho por actores porque requiere trabajo de actuación hecho por alguien que no sabe actuar a mi me aburre sinceramente. Es una de las grandes deformaciones que tiene este medio, precisamente porque responde a intereses absolutamente mercantilistas. Quiero aclarar que yo no soy quien para decir cómo se tiene que hacer televisión, porque si la gente la consume por algo será, es una respuesta muy personal la que les puedo dar. En general la enciendo solamente para ver películas o para ver algún programa de noticias interesante.

G.A.: ¿Pensás que hay un movimiento cultural como en otras épocas?
L.Q.: Creo que no hay un movimiento como sí lo había en otros momentos donde la gente con su trabajo a su vez creaba redes de comunicación con otros trabajadores del mismo campo, actualmente cada uno está trabajando por su lado. Pienso que va a comenzar algo pero diferente a lo anterior, llámenlo Teatro Abierto o Teatro Independiente, creo que se viene un nuevo sistema de redes culturales o de interrelaciones, porque son necesarios, la gente ya está cansada de estar aislada. Pero lo que viene va a tener otro signo, quizás me animaría a decirles que ya no va a pasar tanto por armar redes de comunicación para alimentar un cierto tipo de espectadores como fue el teatro independiente, en el cual se suponía que había una masa de espectadores que no tenían a través del teatro mercantilístico lo que ellos requerían. Creo que ahora pasa por otro lado, pasa quizás por los estudiantes, por la gente joven, por los que estudian teatro pero no ven teatro, porque actualmente hay más estudiantes de teatro que público, en el sentido cautivo de la palabra.

G.A.: Nos acordamos de vos en la película “Hombre Mirando al Sudeste” y en otras haciendo personajes diversos, comprometidos, la gente te tiene en la memoria con la película “Ultimas Imágenes del Naufragio”. ¿Te quedaste con deseos de hacer algún personaje?.
L.Q.: Es un poco complicada la pregunta, porque uno hace lo que le va tocando hacer, lo que te ofrece la realidad. No se si hay algún personaje, en este momento, que todavía no pueda hacer, por otra parte.

G.A.: Al Pacino, una onda similar, Perfume de Mujer…
L.Q.: Pero son personajes que yo podría hacer todavía…

G.A.: Por supuesto, te estamos viendo, por eso te decimos…
L.Q.: Pero ustedes me dicen que no haya hecho, no, ninguno. Hay personajes que me gustaría hacer, pero por eso les insisto, todavía estoy a tiempo de hacerlos, no es que me haya quedado con ganas. Hay personajes de Shakespeare que me gustaría hacer, Ricardo III, por ejemplo.

G.A.: ¿Aceptás la crítica, sea buena o mala?
L.Q.: Creo que la crítica es necesaria en un medio como el nuestro y tal como están desarrolladas las cosas, pero creo que la crítica argentina no es del todo responsable, hablo en general, porque siempre hay alguno que trabaja mejor que otro. Creo que la crítica no reflexiona lo suficiente acerca de cual es la función que cumplen, cuales son los beneficios que puede traer al quehacer teatral y cuales son los perjuicios que pueden ocasionar cuando hacen críticas irresponsables. De todos modos la crítica no es peor que el medio, porque el medio es bastante dependiente, bastante cholulo y la crítica es más o menos así, generalmente trabaja con modelos preestablecidos o muy guiada de las narices por el éxito, es muy poco investigativa.

G.A.: ¿Qué opinás de los actores que autogestionan sus propios trabajos?
L.Q.: Me parece que son los actores que más cumplen con el sentido de ser actor. Yo no creo, en general, en un actor que no sea capaz de autogestionarse. El actor que solamente actúa cuando lo llaman corre el riesgo de ser un mercenario, de no tener ideologías, de no tener objetivos en la vida cultural y artística.

G.A.: ¿Cuál es tu idea acerca de los premios?
L.Q.: Ni me van ni me vienen. En general me parecen más como un incentivo a la vanidad y a veces bastante sospechables. No me atrae mucho el tema de los premios en nuestro país, no encuentro que sean buenos estímulos para el trabajo. Creo, más bien, que son fiestas de vanidades.

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