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BREVE HISTORIA DEL JAZZ

Segunda Parte

Por RICARDO HÉCTOR REYES

En la nota anterior el abuelo nos juntó y planteó un cuento: “Había una vez un negro.”. El negro del cuento no sólo había cambiado sino que además se le agregaron muchos blancos. El Jazz había dejado de ser música de una raza para ser música de un pueblo. Pero recién comenzaba y estaba lejos de considerarse mayor de edad. Faltaba mucho por recorrer. Y de eso se trata esta historia.
Decía el abuelo que el negro había cambiado. Había cambiado porque ya no era el mismo y no era igual el mundo en el que vivía, seguía siendo oprimido, pero en una falsa apariencia de igualdad porque seguía siendo considerado de segunda en el mejor de los casos, pero vivía y se desarrollaba en un mundo y una sociedad exigente y dura, sobre todo para la gente de color, (de color negro), mundo y sociedad en crisis, de alguna manera para dar lugar al siglo XX. Ya nada iba a ser como antes y mucho de ese mundo recorrido hasta entonces, podía parecer ingenuo.
Naturalmente no se puede explicar ningún desarrollo o evolución sin tener en cuenta múltiples factores: Posguerra mundial, Cierre de Storyville y Ley Seca (Volstedt Act) y posteriormente el crac de 1929.
La primera guerra mundial deja una mueca amarga en el rictus de los que combatieron, el regreso a casa los encuentra sin trabajo y con lo que hoy llamaríamos síndrome post traumático. La economía tiene que ponerse al servicio de la producción y construir la paz es el desafío de las naciones. Pero el pueblo que poco conoce de esas cosas quiere divertirse, el pueblo quiere olvidar, el pueblo necesita alegría.
En Nueva Orleáns es famoso un distrito conocido como Storyville, emblema de la noche, especie de zona roja donde reinan los prostíbulos y locales nocturnos donde abunda la música. En 1917, en un arranque de moralina a lo que son tan afectos los muchachos del norte, las autoridades locales decretan el cierre de Storyville. No sólo las chicas se quedan sin trabajo, también los músicos.
Las chicas se ubican. y ¿los músicos?
En otro arranque de moralina y por iniciativa de un legislador llamado Volstedt se prohíbe la elaboración, tenencia , comercialización y consumo de alcohol en todo el territorio de la Unión. Lejos de obtener los resultados deseados, provocó la era más delictiva y corrupta de la que se tiene memoria y también el origen de muy respetables fortunas (pregunten sino por Joseph Kennedy). No se puede amordazar los deseos de un pueblo. Los estadounidenses querían beber y ante esa necesidad se consolidan las organizaciones criminales, mafia, cosa nostra, crimen organizado, llámenlo como quieran. Elaboración clandestina y contrabando de alcohol. La noche establecida, prostitución, jolgorio y bacanal diría mi tía la gorda.
En toda esa mezcla falta algo: la música.
¿Y cuál es la música de elección? Acertaron, el Jazz.
Si sumamos esos tres factores vemos que confluyen para que de algún modo se plantee una evolución. Los músicos de Nueva Orleáns, muchos sin trabajo migran masivamente a las grandes ciudades, la emblemática Chicago y la mítica Nueva York, en ese orden. Y en Chicago encuentran un lugar, buenos contratos y un ámbito propicio. A pesar de los grandes nombres que iluminan las noches de Chicago (King Oliver, Johnny Dodds, el percusionista Warren ‘Baby’ Dodds, el saxofonista soprano Sidney Bechet, Earl Hines e incluso el conflictivo Jelly Roll Morton, entre muchos otros), explota en el firmamento del Jazz un joven trompetista devenido en estrella y para todos los tiempos: Louis Armstrong.
Satchmo como le decían por las dimensiones de su boca (satchel mouth-boca de jarrón) fue la figura excluyente y su influencia marcó el estilo interpretativo no sólo de la trompeta sino del Jazz como género musical. Hizo de la improvisación su marca registrada, de sorprendente técnica, emotiva e intelectual. Modificó todos los formatos conocidos y puso al solista al frente de la orquesta. Los grupos con los que grabó, los Hot Five y los Hot Seven, demostraron que la improvisación podía ser mucho más que una simple ornamentación de la melodía; para ello creó nuevas variaciones basándose en los acordes de la melodía inicial.
Pero no sólo instrumentalmente, con una voz muy grave, rayana en la ronquera, improvisa sin palabras en un fraseo silábico y utiliza la voz como un instrumento (scat), marcando también un estilo vocal de interpretación.
Estos cambios novedosos representan una corriente que profundiza conceptualmente al Jazz y provoca una mutación en la interpretación de Nueva Orleáns (New Orleáns Style, estilo basado en la improvisación del conjunto considerado más bien por su potencia y volumen, no tanto por su sutileza).
Las características que impone Armstrong (predominio de la improvisación de la voz solista), provoca cambios profundos que luego se conocerían como Estilo Chicago.
El derrumbe de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929 (conocido como el crack de 1929) dio lugar a la llamada “gran depresión”, situación socioeconómica de profundas consecuencias en los Estados Unidos, primero, luego Europa y de difusión mundial posteriormente. Pueblos prósperos y grandes negocios, cayeron de la noche a la mañana con la fortaleza de un castillo de naipes y traducido al hombre común, desocupación, hambre y marginalidad. Para el Jazz esto representa varios fenómenos: una nueva evolución estilística por cuanto a pesar de lo que pudiera presumirse, florecen grandes bandas, grandes espectáculos para nada austeros. El pueblo estadounidense quería aturdirse de la realidad que los golpeaba, seguía reclamando espectáculos y las orquestas ya establecidas conocieron un auge imparable. Nace de esta manera el Swing con grandes bandas negras (Basie, Ellington, Lunceford) y muchas bandas blancas que engalanaban los grandes salones de baile (Miller, Dorsey, Goodman, etc.) Ya nos referiremos luego.
Exceptuando los mencionados, para muchos músicos surgió una nueva necesidad de migración, pero lógicamente ya no en América. Destino final: Europa (particularmente Francia). El desplazamiento a Europa de muchos artistas en busca de trabajo plantea una situación nueva. De un comienzo en los salones de grandes y vetustos hoteles para un público exclusivo, pasarían a salas de concierto más pequeños, ya idolatrados por una afición que los consideraba padres de una nueva era musical. Se forman los “Hot Clubs”, verdaderos templos de Jazz locales, reforzados con la presencia de músicos estadounidenses, influencian y despiertan la vocación de músicos europeos que se vuelcan al jazz con talento genuino, siendo el ejemplo emblemático el quinteto del Hot Club de Francia liderado por el mitico guitarrista Django Reinhardt y el violinista Stephan Grappelli.
¿Y qué nos sugiere esta historia? De un fenómeno local sin mayores pretensiones se nacionaliza y finalmente se difunde por el mundo. Nuestro negro del cuento había recorrido un largo camino. De las plantaciones de algodón hasta París. Y tendría mucho más para recorrer.
Ya el Jazz es imparable.
Lo que sigue es otra historia.

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