Educación

El impacto de lo siniestro en la subjetividad de los adolescentes y en las instituciones

Por ALICIA MARÍA LUQUE (1)
JUAN M. PÉREZ VILLALOBO (2)
LUIS RAÚL CALVO (3)
NORA PATRICIA NARDO (4)


Las siguientes reflexiones surgen a partir de la atención realizada a  adolescentes víctimas de Cromagnon. Nos parece pertinente abordar dicha problemática desde los siguientes aspectos:
1-     El impacto de lo siniestro en la subjetividad de los adolescentes.
2-     El impacto en las instituciones.
3-     La implicación de la praxis profesional.

1- El impacto de lo siniestro en la subjetividad de los adolescentes:

Recorriendo las instituciones educativas  se fueron abordando distintos casos, que mostraron las diferentes respuestas y estrategias implementadas por los jóvenes para intentar superar la vivencia traumática.
Ellos están obligados a atravesar procesos identificatorios, donde se construyen  y recrean nuevas subjetividades. Las respuestas dependen de cómo cada uno va reordenando su propia identidad y de la forma en que va elaborando el duelo.
Hubo casos en los que esto se resolvió adoptando posiciones reivindicatorias, peleando por defender el derecho de los jóvenes  a estudiar en un lugar seguro. Allí, el móvil  fue la lucha.
En otro caso, un alumno que había roto vínculos con la escuela, retornó a la misma cuando se enteró de una situación que él vivenció como muestra de que la justicia, o su restitución, en nuestro país podía ser posible, ante la fuerte repercusión social que tomaba el suceso en esos días.
La temática de Cromagnon permitió escenificar la singularidad conflictiva, dando los elementos para desplegar una demanda de cuidado excesivo, por ejemplo el caso  de una adolescente con una historia previa irresuelta y que en realidad no había estado en dicho local bailable . Se produjo así un malentendido institucional.
Presuponemos que cada uno de estos casos está hablando por otros y da cuenta, en líneas generales, del impacto que todavía perdura.
Mayor riesgo aún, atravesaron aquellos adolescentes que simultáneamente enfrentaron pérdidas significativas y otros duelos,  alrededor de ese período.
Algunos no pudieron contar o comunicar su participación en el siniestro, impidiendo con su silencio entrar al grupo de los afectados por dicha problemática, llevados quizás por un sentimiento de bronca social, como nos informó  un caso testigo.
En el marco institucional, aparece muchas veces la desconfianza ante el otro como diferente  y se cuestionan sus derechos, poniéndolos en duda como si se tratara en realidad de privilegios.
Paradójicamente, los afectados quedaban signados con una marca dramática pero, al mismo tiempo en situación de “ventaja” desde los tabúes y prejuicios de la comunidad educativa.
Según Nuria Perez, en el mundo de hoy la presencia de seres diferentes a los demás, diferentes a esos demás caracterizados por el espejismo de la normalidad, es vivida como una gran perturbación.”
“Nada hay tan perturbador como aquello que a cada uno recuerda sus propios defectos, sus propias limitaciones, sus propias muertes.”
El adolescente víctima de Cromagnon es visto en ocasiones como el diferente, como un extranjero en su propia tierra.

2- El impacto en las instituciones:

El acontecimiento de Cromagnon, se yergue como un doloroso dispositivo de análisis de las instituciones que construyen los argentinos y nos interpela a todos, adultos y adolescentes. Asimismo, pone en evidencia los mecanismos de corrupción puestos en juego por las instituciones,  para sostener este estado de cosas de forma naturalizada.
El encadenamiento de una serie de hechos histórico/económico/sociales y políticos en las últimas décadas, nos arroja a estas experiencias no azarosas, cargadas de sentido y de mensajes referidos a  la claudicación de derechos y garantías básicas.
Quizás el primer antecedente importante – tomando como referencia la vuelta a la democracia en 1983 – de cómo se fue debilitando el andamiaje de nuestras instituciones fue la aprobación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida sancionadas por el Parlamento en un gobierno democrático. Dichas leyes, sumadas a la Amnistía decretada por el posterior gobierno, calaron hondo en una sociedad que creía, esperanzada, que, con el advenimiento de la democracia, una sociedad más justa comenzaba a perfilarse.
Cromagnon saca a la superficie aquella década del 90, para algunos caratulada como “segunda década infame”, que nos debilitó profundamente como país.
La pérdida en el valor de la palabra no es azarosa, proviene de una anterior crisis trasuntada en la desconfianza, sentimiento que los argentinos fuimos vivenciando en diversos planos en esos oscuros años y que terminaron haciendo eclosión en diciembre de 2001.
El lema “que se vayan todos”, oído en cada rincón de nuestra sociedad, originó en el pueblo un movimiento de participación, que comenzó a transitar nuestros barrios: La Asamblea, en cuyo mecanismo de toma de decisiones, la palabra de cada uno toma el valor de ser portavoz de uno mismo y no del conjunto. Por un lado parecía que genuinamente crecía el todo en la lucha de todos, pero por otro lado esta forma asamblearia puso al descubierto la poca creencia en nuestros representantes y en nuestras instituciones, dejando entrever el fracaso de la delegación como instancia democrática.
El desmembramiento del tejido social, de la red que sostiene es lo preocupante, ya que cuando pensamos en el valor de las instituciones lo hacemos desde la idea de que son ellas las que, si funcionan adecuada y participativamente, pueden instituir, a partir del respeto por las normas consensuadas, un orden que nos proteja y no nos deje en la intemperie.
El episodio de Cromagnon, como situación traumática social, motiva múltiples reacciones y formas de posicionarse frente al mismo, relacionadas con aspectos vivenciales y hasta ideológicos de quienes fuimos atravesados por estos hechos.
La capacidad de respuesta de cada escuela depende de su historia, su cultura institucional, las formas de circulación del poder y los canales de comunicación abiertos en la misma. Otros factores determinantes son: los tipos de liderazgo, la especialidad, las distintas formas de tramitar vínculos en la institución, y las diversas políticas, estrategias y dinámicas institucionales.
Las instituciones escolares han sufrido las consecuencias de todo este deterioro, por eso pensamos que hoy día se torna más que necesario retomar el espíritu de la Ley 223 de Convivencia y su reglamentación, recuperar esas instancias de prevención y de proyectos compartidos que pueden salir de su entorno y que dan lugar a la palabra, al disenso, pero que en el fondo traen a la luz valores como la cooperación, la solidaridad, el cuidado por uno y por los otros.

3. La implicación de la praxis profesional

La implicación, entendida como la manera en que se revisa política y críticamente los efectos de la práctica, y de la teoría desplegada en y a partir de ella, nos permite así,  develar el posicionamiento ético de los partícipes de toda experiencia que tramitan las instituciones.
Obliga al análisis del permanente juego dialéctico que aparece  entre lo instituído y lo instituyente, en las luchas de poder que se desatan ineludiblemente  a partir de la tarea.
Promueve una ardua y compleja puesta a prueba de los objetivos político profesionales, usos de recursos, así como de los mismos resultados previstos en las planificaciones. Todo lo cual es primordial para  una toma de posición participativa pero crítica, para el crecimiento lúcido de la teoría y la práctica profesional.
Lo que es útil y necesario no es sólo implicarse,  o la implicación per sé,  que siempre está  presente en cada abordaje, sino el análisis de esa implicación,  ya jugada en nuestras adhesiones o no adhesiones, nuestras referencias y no referencias. Es casi imposible analizar el devenir, sin intentar describir en qué el nos analiza.
La implicación, como la sobreimplicación por otra parte,  deben ser analizadas individual y colectivamente, lo que supone una intensa actividad de los partícipes en estas experiencias. Ambas, resistiendo al análisis, no son pasivas en sí mismas.
El peligro que implica la falta de análisis de nuestra praxis y sus efectos, es dejar librado a las fuerzas altamente instituyentes, el destino de  los procesos en espera de intervención, cuya perspectiva  decidirá finalmente el viraje hacia salidas favorables u obturadoras.

Concluimos que los procesos que impactan fuertemente en lo social y político, particularmente en aquellos ámbitos y circuitos que recorren los jóvenes, los dejan en gran riesgo,  pues hacen a la trastocación de identidades, a modificación de subjetividades, a sus opciones y  expectativas, comprometiendo directamente sus proyectos vitales.
Quienes trabajamos y  abordamos problemáticas que atañen inexcusablemente a las áreas de  la salud mental en educación,  nos encontramos permanentemente obligados a revisar las ofertas técnico profesionales, los programas de acción, el tipo de recursos y nuestras herramientas de intervención, especialmente, nuestra propia implicación en estas experiencias.

Estos acontecimientos inesperados y cruentos, donde el impacto, el dolor y la desesperanza nos interrogan al punto de inhabilitarnos, a riesgo de perder la “objetividad de visión” en la observación y análisis de lo que nos atraviesa, deben mantenernos fuertes, agudos y  alertas    para poder hacer y ser aquello que elegimos: trabajadores de la salud mental en educación.
Las crisis que afectan a las personas,  ocasionando la percepción de desamparo, los sufrimientos causados por las instituciones  y el hundimiento de las definiciones aportadas por  el imaginario social respecto de los roles y las identidades, configura el campo potencial de la demanda de intervención,  demarcando su campo de análisis. 
En ese sentido, entendemos que sólo podemos escuchar al otro abriéndonos y trabajando la perturbación que su presencia puede producir en nosotros, reflexionando sobre la ilusión de normalidad que nos impide conocernos, sobre nuestra dificultad para ponernos en el lugar del otro y confiar en él.
Lo visto en esta fuerte experiencia de Cromagnon,  que continúa abierto al plano  universal pero también singular, advierte sobre la necesidad, especialmente en momentos confusos, violentos y caóticos, de presentar una mirada no sólo técnica,  sino reflexiva,  en el sentido de lo antedicho, porque en la actividad profesional, su omisión arriesga no sólo lo ético,  sino la  pretendida efectividad.

 

1 Lic. en Psicología
2 Lic. en Psicología
3 Lic. en Psicología
4 Lic. en Ciencias de la Educación

Deja una respuesta