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LEONOR MANSO

“El teatro, es el lugar que realmente le corresponde al actor”.

Por ROMINA CALVO

 

Generación Abierta tuvo la posibilidad de entrevistar a una de nuestras más destacadas y lúcidas actrices de la actualidad: Leonor Manso. Con ella compartimos entre otros temas, sus inicios en el mundo de la actuación, su posterior evolución, su participación en Teatro Abierto  y los difíciles momentos que atravesó nuestra sociedad por aquellos oscuros años.

G.A: ¿Qué es lo que la llevó a estudiar teatro, siendo estudiante de Biología?
L.M: En la escuela secundaria yo iba a un grupo de teatro, pero no pensé que podía servir para actuar. Iba porque me gustaba el encuentro con el director y con la gente joven. Se leían textos y se intercambiaba material sobre lo leído. Pero cuando después comencé a estudiar biología y paralelamente comencé a estudiar teatro con Juan Carlos Gené, ahí me di cuenta que lo único que esperaba era el momento de las clases actorales. Poco a poco fui dejando la facultad y por lo tanto decidí ser actriz, lo cual es todo un tema, porque una cosa es ser alumno y otra cosa es ser actor.

G.A: ¿ Qué recuerdos tiene de aquella época con Juan Carlos Gené siendo estudiante?
L.M: De mucha felicidad, por el encuentro con mis compañeros y con éste maestro que es Juan Carlos Gené, que no solamente nos enseñaba a acercarnos  a un texto sino también nos hablaba de una actitud ética hacia el trabajo, hacia la profesión, hacia la vocación. Nos reuníamos para ensayar que es lo que  teníamos que preparar y yo vivía para eso. Al mismo tiempo yo trabajaba como maestra normal. Me gustaban los chicos pero no me gustaban las tareas formales que había que llevar a cabo. Admiro mucho a los maestros porque hay que tener una vocación y un amor muy grande hacia la profesión, si no sería imposible de soportar el trabajo de enseñar a 30 o 40 niños.

G. A: ¿Cómo fue su debut como actriz?
L.M: Fue fantástico en un sentido, porque la obra era de una autora inglesa y consistía en la historia de un grupo rebelde punk que estaba  en una esquina y daba sus opiniones sobre el estado, la familia, la pareja. Como decía, eran jóvenes rebeldes que estaban disconformes con todo.
Mi personaje aparecía transcurrido un tiempo la obra, entraba al escenario y la autora decía que rompía la cuarta pared. Ella veía al público, trataba de entretenerlo, como única acotación decía que podía ser una joven de 17 años o una anciana de 70 años. Después, ninguna otra cosa más.
Mientras entretenía al público, este grupo de jóvenes rebeldes de pronto la veían y comenzaban a hacerla girar y girar, le preguntaban como se llamaba y ella decía “Do, do do”,  y se quedaba ahí con ellos. Era un personaje poético y el texto también era poético. Fue un personaje difícil para mí, pero fue una experiencia hermosa y de mucho aprendizaje, porque me di cuenta que la técnica y los aprendizajes de teatro son muy importantes porque uno se va afianzando y va puliendo su instrumento.

G.A: ¿Se ha identificado con muchos de sus personajes?
L.M: Con todos, porque uno tiene algo de todos. Consciente o inconscientemente, a cada personaje le pongo algo mío.

G.A: ¿Qué es lo que más le atrae, el teatro, el cine o la televisión?
L.M: No, el teatro. Me encanta la televisión y el cine, me gusta esa mixtura entre la técnica y lo artesanal, que tiene el trabajo del actor. Pero el teatro, es el lugar que realmente le corresponde al actor. Una vez que se estrena una obra de teatro es el actor y el público, ni siquiera el director. El director puede decir algo, pero ese espacio, en ese tiempo es del actor y el público. Es el lugar del verdadero crecimiento, en cada función se van revelando en uno, matices distintos. Una misma se sorprende de las cosas que le ocurren, que no te sucedieron de pronto, la noche anterior.

G.A: ¿Qué representó en su vida de actriz Sara Kane?
L.M: Yo me topé con el texto de Sara Kane sin saber quien era y lo que le había ocurrido. Me interesó muchísimo ese texto, ya que toca un tema importante para la humanidad, como lo es el suicidio. Siempre es una incógnita saber que le pasa a una persona para llegar a esa instancia, es uno de los grandes temas de la filosofía. Creo que el ser humano es el único ser viviente que puede elegir entre vivir o morir. El ser o no ser de Shakespeare. Entonces me pareció interesante, vi que tenía un nivel poético muy bueno, pero la mayoría de las partes era difícil de desentrañar, desde la lectura, justamente por el nivel poético.

G.A: ¿Cuándo se es un buen actor, una buena actriz,  para Leonor Manso?
L.M: Cuando en sus palabras concentran toda la energía de su pensamiento y de su sentimiento, cuando el actor esa palabra la pasa por él y la hace carne, y esas palabras las potencia, estamos en presencia de un buen actor, aquí la experiencia es muy enriquecedora para el actor y para el público.

G.A: En la última dictadura militar ¿Cómo vivió esa época? ¿Estaba al tanto de lo que pasaba?
L.M: Sí, por supuesto. Mi generación estaba muy politizada, a lo mejor no de una forma partidaria, pero sí sabíamos todo lo que ocurría. Respecto a la dictadura y las desapariciones, a mí me alcanzaron el informe de la O.E.A, en el 78, cuando fue el mundial y vino una delegación de Derechos Humanos de la O.E.A. Así que sabía lo que pasaba, no en detalle.

G.A: Usted participó de Teatro Abierto ¿Cómo se gestó?
L.M: Y bueno… como te decía, en esa terrible época vivíamos como podíamos, siempre con el teatro, hasta  que hicimos Teatro Abierto y a la semana de comenzar, quemaron el teatro, porque vieron lo que pasaba con el público, no por nosotros, sino porque se había convertido en un hecho político, el pueblo lo hizo así. Nosotros lo hicimos por la angustia que teníamos,  no sabíamos que iba a pasar lo que pasó.
De los autores, actores y directores surgió la idea de hacer algunas obras cortas por día, en un horario temprano que no compitiera con el resto de los espectáculos. A mí me tocó el primer día y cuando llegué al teatro había una cola enorme que por supuesto no fue debida a la publicidad ya que no la teníamos. Esto es lo mágico del pueblo, porque ¿Por qué vinieron? Y fue un éxito impresionante, lo convirtieron en un hecho político. Las obras hablaban metafóricamente de la situación, no se podía hablar libremente. El tema es que a la semana, luego de ver todo, vinieron y quemaron el teatro.
Me acuerdo que cuando nos avisaron que se estaba quemando nos reunimos un grupo de gente en un bar que está en la calle Callao y nos decíamos quien nos iba a dar ahora un teatro. Además era medio gracioso porque alrededor nuestro había policías vestidos de civiles con su perramus, anteojos negros y un diario.

G.A: ¿No tenía miedo?
L.M: Sí, claro, pero es raro lo que te pasa. Tal vez era muy joven, medio inconsciente .

G.A: ¿Pensó en irse?
L.M: No, nunca. En el 74, 75 me fui a Europa, con la idea que mi país era cualquier cosa y que cualquier otro lugar seguro que iba a ser mejor. Fui y vine y me di cuenta que nuestro pueblo es un pueblo muy especial, que ya pertenezco totalmente a él.
Después vino una amenaza de la Triple A  a un grupo de actores que habíamos hecho un programa de televisión y nos dijeron que nos daban 48 horas para irnos, que si no, nos mataban.
En realidad con el tiempo se supo que mataron a los que querían matar realmente, es decir a aquellos que fueron dirigentes muy valiosos.  A nosotros era porque como éramos personas conocidas, era un modo de sembrar el caos, y mucha gente pedía el golpe, creo que fue la última vez que se pidió un golpe.

G.A: ¿Cómo es su relación con la poesía?
L.M: Bárbara. Los poetas, como los grandes músicos, son los que más hablan todo el tiempo que el hombre es algo más que un plato de comida, que somos parte de un misterio. Creo que la poesía, la música, el teatro, son los que nos hacen recuperar la verdadera humanidad, porque la esencia de la humanidad es eso: lo espiritual.

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