“La Poesía y el Teatro”*, por Daniel Viola
Iniciaré con un poema que he dedicado a un hombre de teatro, allá en las sierras cordobesas, Valle de Punilla, Cosquín, Jorge González, quien mantiene el legado de una sala teatral que su padre, junto a otros artistas fundaran hacia mediados de 1950, Teatro El Alma Encantada. Poesía y teatro.
Entre las sombras que encierran los telones/ susurran voces en busca de la voz que porte
el cuerpo necesario de aquellos que deambulan /escenarios. El lugar resguarda su accionar.
El cuidado de paredes, de luces, /de aquellas butacas que los días convirtieron en sillas. /
Ni los clásicos pudieron detener el plástico.
De él dependen las vidas de los seres intangibles, guardián de personajes que buscan encarnar.
Ideas que han creado los siglos. Palabras que /labraron tiempos, escenas, y la historia que narra /el misterio eterno, ajeno a la humanidad, el /diálogo constante que tuvo el hombre.
Deambula con el alma encantada en aquel sueño /descendido a las sierras en un valle que marea. /Guarda en su sangre las imágenes que en la caja /tuvieron sus ancestros. La mesura que necesita la pasión. /Sopla a los que llegan la brisa ajena a todo festival, /sabedor del eslabón que construye cada día su legado.
No es El Teatro, es tan solo un teatro el que logra sostener. /Silencia enojos, procura risas, y aguarda que /comprendan la sutil diferencia que año tras año, /como eterno retorno, debe explicar. Lo increíble /es siempre necesario. No advierten que no habrá /ciudad sin su teatro.
El diálogo constante que tuvo el hombre, aparece en este intento de poema, en realidad en el poema cuyo intento secreto es la poesía. En verso y en diálogo se escribe la humanidad. Desde su idiotez, hasta lo sublime, lo epifánico. Aquella búsqueda por descubrir también lo monstruoso, la belleza, el asombro primigenio.
No olvidemos tampoco aquel teatro y aquella poesía de adorno. Como sillones, lámparas, alfombras y algunos cuadros. Esos paisajes vendidos según medida de la pared.
En el principio fue el verso. Si hemos involucionado o evolucionado, desde aquel gesto primigenio, es tarea esotérica. Pero aquí lo exotérico debe primar, aunque nos hayan querido mostrar a Dios como el primer gran actor y demiurgo. En verso, en ritmo, y en rima se comenzó a escribir, mejor dicho a narrar. Que es difícil memorizar sin ritmo ni rima. No olvidemos que la poesía no es necesariamente escritura. Como la literatura no es el libro. Y el teatro no es el espacio o la sala teatral.
Confusión, confusión, más confusión dicen las brujas en Macbeth, Atentos estemos a la confusión, como tratan de confundirnos las brujas, académicos y comunicadores, individual y colectivamente. La oralidad. Pareciera que podemos afirmar que ése es el inicio. El común ancestro que separaron, aislaran, estudiaran como géneros independientes. La poesía como primacía. “Ese texto tiene un caudal poético, aquel teatro, buen teatro pero carente de poesía…” La espiral de la historia nos regresa ya no a la primacía de la poesía sino de la teatralidad. Ya no hay “UN” teatro, sino teatralidades. Una persona diciendo un poema corresponde a determinada teatralidad, al igual que una murga, una ópera. Esta charla, la oralidad. Preferimos encontrarnos, escucharnos. Claro que mantenemos el leernos. Reitero entonces el inicio común de la poesía y el teatro. Los dos que a mí me atraen son los que prefieren romper el espejo donde nos reflejamos. Prefiero la bestialidad, los sin númerosos errores que la pulcritud, la absoluta coherencia, la imagen condescendiente, esa primacía de la razón instrumental.
El teatro es uno de los últimos hechos plenos de presencia, ese aquí y ahora donde por lo menos dos se encuentran a aceptar el juego. Jugar, aún en la quietud de la silla, la butaca. Qué otro intento busca cada encuentro de poesía. Escuchar. Hermoso ejercicio humano. El escuchar nos transporta. Si ese escuchar no nos transporta, no nos saca de la silla, no desconcierta, no es válido. Porque ya no escucho al otro que me brinda una parte desconocida de mí, sino a quien me informa lo que ya sé.
Uno de los primeros poemas de Occidente, dicen que dicen, fue la Odisea. Generó inúmeras obras de teatro. Ese análisis corresponde al análisis de los textos escritos. Pues en sí, la Odisea, su narración, era un hecho teatral. Todo Aedo es un actor, que encierra observen Uds. la tradición llamada espiritual de la actuación, que encarnaron públicamente los franceses en los años 20 del siglo pasado, donde el trabajo del actor no es otro esfuerzo que el de desprenderse de su egoidad, para que en su cuerpo encarne el personaje, ese ser ideico. Algunos lo comparan a la labor del poeta. Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la palabra. Y en el proceso de la posesión, de dueño de la palabra, se cosifica. Se hace objeto, poiésis, que tienen por lo tanto un propietario, y por ende un valor de cambio y no de uso. Aquí regresamos a las Brujas de Macbeth, cómo crean confusión, procuran confundirnos. Trastocan lo que es praxis, en poiésis, según la Ética Nicomaquea y Paolo Virno. Convertir lo que es humano, en objeto, producto, en instrumento. Dios no es un instrumento, o peor decir haz de mí tu instrumento, conviérteme en objeto, cuando debo desear ser más persona, más ser humano. Para lograrlo, obvio, es con y junto a los otros. Por esto el teatro y la poesía son comunión. O debieran procurar serlo. La comunión en ese encuentro que nos da la escucha. Más confusión es promover la literatura un libro, el teatro un espacio. Recordemos que por un libro, por un espacio se llenó nuestra casa, la tierra, de sangre. Todo lo contrario a lo que deseamos algunos con la poesía y el teatro.
Espero haber respondido a la convocatoria que me hiciera FACRA, a quienes agradezco profundamente como a quienes se acercaron a escucharnos, a compartir. Espero haber evitado las Perogrulladas que siempre nos acechan.
Daniel Viola: Poeta, actor, fundador de MOMUSI, movimiento de música para niños.
*(Espero haber respondido a la convocatoria que me hiciera FACRA, a quienes agradezco profundamente como a quienes se acercaron a escucharnos, a compartir. Espero haber evitado las Perogrulladas que siempre nos acechan).
Imagen: Ernst Ludwig Kirchner-“Franzi ante una silla tallada” (1910).

