Letras

LUIS FRANCO: “El mar se embarca”

Poetas de “Papeles de Buenos Aires” (2)

 

 

“Papeles de Buenos Aires” fue uno de los tantos emprendimientos culturales y editoriales llevados a cabo por Roberto Santoro. Bajo su dirección y con la colaboración permanente del artista plástico Pedro Gaeta editaron más de sesenta carpetas – cuidadosamente armadas- con textos de poetas de nuestro país.
Agradedemos a Pedro Gaeta la cesión de este valioso material que comenzamos a publicar en el número anterior de “Generación Abierta” con poemas de “Mas cuestiones con la vida” de Humberto Constantini”.
Hoy presentamos poemas de “El mar se embarca” del gran poeta y prosista catamarqueño Luis Franco (1898-1988) que “Papeles de Buenos Aires” publicara en el mes de mayo de 1975.

DECLARACIÓN JURADA

“El arte no es un velo de maravilla para disimular lo vulgar, sino una revelación de la profundidad del ser, es decir, de las nupcias de la apariencia y la esencia.
Cuando un poeta no es capaz de lo nuevo se queda en lo novedoso, pero la poesía, más que las otras artes, debe revelar el aspecto nuevo de los temas antiguos y los aspectos fundamentales de lo moderno: la falta de reposo en la Naturaleza o creación de cada día: la muerte como un cambio de postura del ser; nuestro parentesco de sangre y espíritu con el cosmos, y la indivisibilidad de
cuerpo y alma; la vertiginosa alma submarina llamada el subconsciente; las insidias fosilizantes de lo que fue contra lo que quiere ser: el gigantismo del Eros humano y su belleza; la dialéctica o lucha victoriosa de los contrarios dando latidos a la Eternidad; y la lucha del hombre por hacer peldaños de ascenso de sus propias contradicciones.
Con excepción de los poetas de la hora grande de Grecia, el poeta ha sido hasta hoy en cualquier parte el protegido o cortesano de algún mecenas: gobierno o iglesia, partido a favor público.
En adelante tendrá que depender sólo de si mismo, y enfrentarse quemando las naves de regreso, a la conspiración de lo viejo contra lo nuevo, de los dioses, los demonios y las castas contra el hombre, hasta coronarse rey de ese dominio en que verdad y belleza son una sola cosa: estará obligado a ser el más profundo de
los hombres, ensayando en sí la libertad que debe anunciar a los otros, como el gallo profetiza en las entrañas de la noche la proximidad de la luz”.

 

Luis Franco

ESTELIAL

Nos mimbra la estatura de la noche,
la noche que se esconde detrás de sus estrellas.

La Vía Láctea atraviesa su fantasma de lira
recelando una música sin fondo.
Tal vez el tiempo intenta uno de esos instantes
que hacen vibrar lo eterno en nuestro tránsito.
Aquí en los muelles de la noche
como siempre en tus ojos tu alma está partiendo hacia cualquier estrella.
El asombro sereno de suponerte mía
vive todo el misterio de tu gracia
tan constelado como el de la sombra.
Sueño versos que aunaran en su rima
la suavidad sin fin de tu pelo o tus sueños
al enigma de luz que hay en tus ojos,
(tus ojos que hacen olvidar tu cuerpo
tal como el cielo hace olvidar la tierra).
Pero bajas los párpados temiendo
quizás que la excesiva vecindad de tu alma
pueda parar mi corazón en seco.

A tu lado la noche blanquea antes del alba.
Sueño que a dúo nuestros corazones
cruzando están el signo de Estelial,
el genio de las alas perforadas de estrellas,
vencedor de la noche y el olvido.

 

DIALECTICA

El iris que se baña en el rocío
y la onda yacente del remanso
por la onda emigrante avanzan hasta el mar,
o hacia la hidrografía velera de la nube,
o la lluvia, bajando en tumbo celestial,
para iniciar de nuevo la ronda eterna de lo transitorio.
Grillos de roca y nieve de la montaña estorban
el aborto del fuego prisionero en su útero.
Lo constante y lo efímero son dos caras del tiempo,
y ya el retorno muerde la cola de la fuga.
El devenir enlaza
la unidad individua a la unidad del todo
y se da el contrapunto de lo uno y lo diverso
y el equilibrio vivo entre universo y mónada.
Todo lo que palpita acusa
un costado diurno y un costado nocturno.
De atracción y rechazo se inventa la armonía.
La castidad y el coito se besan en la boca.
Doquier, doquier la vida se nutre de la muerte
como de fango y de boñiga el lirio.
Todo muere sangrando en el ocaso
para resucitar sin mácula en el alba.
Lo inmensamente grande y su invisible antípoda
son no más que los polos opuestos del abismo.
Lo de afuera está adentro tal como macho y hembra
y es preciso que marchen acordes y sin trampas
como el dolor y el gozo en su honda cadencia.
¡Siempre la melodía dialéctica del todo!

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