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Kive Staiff*: “Tenemos que trabajar para formar cada vez más espectadores”

Por NOEMÍ CÁCERES y
LUIS RAÚL CALVO

G.A.: Antes de dialogar sobre la parte profesional  nos gustaría saber dónde nació usted.

K.S: Yo nací en la Provincia de Entre Ríos y viví siete u ocho años allí con mi padre, inmigrante ruso. Luego mis padres fueron a la Ciudad de Buenos Aires, había mucha pobreza, vivíamos en conventillos, fue una experiencia muy rica para mí. Me peleaba a las trompadas con algunos chicos para vender caramelos en la Plaza Constitución.

Viví el Carnaval de la Avenida de Mayo,  estábamos en un Conventillo de la calle Perú y yo salía a vender serpentinas y papel picado en los paseos que se hacían.

Comencé a trabajar desde muy joven, fui ayudante en una fábrica de tejidos del barrio de Villa Pueyrredón, cobraba 40 pesos por mes y recuerdo el conflicto que se armó en mi familia porque yo les dije que no les iba a dar todo sino que me iba a quedar con la mitad, y efectivamente ellos me dejaron gastar lo que yo quería con los 20 pesos con que yo me quedaba.

Seguí también la carrera de Ciencias Económicas porque también me permitía darme las herramientas para moverme más o menos rápidamente en el mercado del trabajo.

Allí comenzó todo y llegó el momento en que me encontré con Cecilio Madanes que era el hijo de un cliente mío, yo era el asesor impositivo y contable. Allí comenzó mi relación con Cecilio, él como director de la compañía y el teatro y yo como su asesor contable, en el primer encuentro que tuvimos en ese sentido como autoridades del Teatro “Caminito” de la Boca.

G.A.: Ese fue su primer contacto con el medio artístico…

K.S.: Ese fue mi primer contacto. Había habido antes un contacto mío con “La Prensa” y dentro de “La Prensa” con la literatura dramática, y allí me inicié un poco como crítico, antes siquiera de ser administrador del Teatro “Caminito” de la Boca.

Yo era amigo de la hija del director de un semanario de esa época llamado “El mundo israelita”, el padre  conociendo mi vocación por el teatro me invitó a escribir y entonces fui a ver un espectáculo de un autor inglés que podría ser Bernard Shaw -no recuerdo bien si era él-  donde trabajaban Alfredo Alcón, María Rosa Gallo, Jorge Rivera López, con dirección de Osvaldo Bonet, en el Teatro “Odeón”. Creo que fue la primera publicación mía en materia de crítica teatral. Me apasionó y parece que lo hice bastante bien porque hubo muy buenos comentarios de mi nota y volví a escribir en otra edición sobre otro tema.

Los “chismes de las mujeres” en el Teatro “Caminito”, una obra de Carlo Goldoni fue un éxito extraordinario, absolutamente notable, que encendió una llama de pasión en todo el barrio, un gran aporte de mucha gente que iba al teatro y por ende iba a los restaurantes de la Boca  y consumía, etc, etc, etc.

  1. A.: ¿ De qué modo continúa su relación con el medio artístico?

KK.S.: Bueno, seguí vinculado a la compañía a través de Cecilio Madanes, cuando él se mudó del Teatro “Caminito” de la Boca al barrio de Once, en el Teatro “Lasalle”. 

A partir de ahí se comenzó a hacer más frecuente mi relación con el teatro, la crítica teatral a nivel de escritura siempre me pareció un medio apasionante que  me atrapó desde mis comienzos y después vino la decisión vital de abandonar todo lo que tenía que ver con la contabilidad y me dediqué a trabajar como un profesional en la parte teatral.

G.A.: ¿Cómo se dio ese tránsito tan decisivo en su vida?

K.S.: Lo primero que hice fue “Correo de la tarde” que fue un diario que creó Francisco Manrique, allí estuve como Secretario de Redacción, luego a los seis meses llegué al cargo de director de la parte de cultura y teatro.

Luego fui director en el Diario “La Opinión”, de Jacobo Timerman. Posteriormente hice temporada en la Revista “Confirmado”, luego en la Revista “Claudia”, que era un mensuario o  un semanario, no recuerdo bien. También estuve en la Revista “Panorama”, es decir ese fue mi mundo en ese momento. Luego vino todo lo demás.

G.A.: ¿En qué época estuvo en el  Teatro Municipal “General San Martín”?

K.S.: Estuve concretamente en el Teatro Municipal “General San Martín” por primera vez en los años 1971, 1972, 1973. Luego dejé el cargo, el cual me lo volvieron a ofrecer años más tarde en 1976 y lo tomé permaneciendo  hasta el año 1989. La última etapa fue de 1998 hasta el año 2010.

G.A.: En esos años comienza a incursionar en otras facetas del teatro ¿no?

K.S.: Así es, empecé algunas cosas como empresario teatral, con algunos espectáculos. Por ejemplo “Final de partida” de Samuel Beckett, con Alfredo Alcón, en el Teatro “Andamio 90”.

G.A.: Pero vuelve a la gestión oficial años después…

K.S.: Sí, fui Director General del Teatro “Colón” en 1996, una experiencia rica pero también deprimente en cierto sentido. Rica en cuánto a lo personal que fue decir cómo hago, cómo me muevo en medio de esta enorme casa, de este palacio. Por otra parte teniendo que pelear para que ciertas ideas se plasmen en esa casa. Yo era muy crítico de la actividad del Teatro “Colón”, porque era como que había siempre una cierta actitud regresiva, como que solamente el pasado tenía una explicación y yo creía que no era así. En el Teatro “Colón” pesaba muchísimo el consagrado estilo de la ópera clásica del “Bel Canto”.  Sí, claro, cuando escuchabas a  Biniamino Gigli para darte un nombre tenía sentido, pero de ahí para abajo qué pasaba y además qué le significaba al espectador otra vez la reiteración de esa misma canzonetta, de esa misma ópera, de ese mismo estilo forjado sólo para el lucimiento de los vocalistas. Por todo esto a los dos años me retiré del Teatro “Colón”, volví al Teatro Municipal “General San Martín” en 1998.

También quiero citar que antes pasé por la Cancillería. El Canciller  Guido Di Tella  me convocó en 1991 para que yo me hiciera cargo de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina, algo que me resultó atrayente, así que estuve cinco años con él, viajando constantemente, tomando relaciones, tratando de colocar algunas cosas interesantes del teatro argentino y de la cultura argentina en general. Actores y artistas argentinos se movieron por primera vez hacia el exterior, se cotejaron con un público de afuera.

Luego sí, después del Teatro “Colón”, en 1998 vuelvo al Teatro Municipal “General San Martín”, con el criterio que esta institución se instalara como representativa del fenómeno cultural argentino, algo que era muy importante para una parte y para la otra. Era muy importante para el “San Martín” recibir la reacción del público, del hombre común que entra al teatro, se acerca a la boletería, compra una localidad y va a ver algo que no sabe de qué se trata, y se lo tenemos que decir, pero se lo tenemos que decir no con el afán imperialista, individualista de ganar dinero, de vender mil localidades, sino que esto tiene que surgir como una necesidad y que sea posible a partir de la formación del espectador. Lo digo hoy, en el año 2015 que tenemos que trabajar para formar cada vez más espectadores.

Me vienen a la memoria algunos episodios. Teníamos funciones especiales para jóvenes, para chicos adolescentes, era muy importante para mí eso, queríamos horarios nuevos, a los que los actores no estaban habituados. Fue una experiencia realmente notable,  emocionante. Me viene a la memoria un episodio: yo solía meterme en el teatro cuando transcurría la función, no para ver como se comportaban los actores sino para ver la reacción de la gente, y de pronto un día veo a un chico que está sentado en la platea, casi al final , estábamos dando “El organito” y lo veo a este chico, emocionado hasta las lágrimas, que lloraba. Al terminar el espectáculo me animé y le pregunté que le había pasado y nada, me hablaba de la miseria que él había atravesado, de la pobreza de su padre, del conventillo, etc, etc, etc, y de eso se trataba, eso era lo que queríamos hacer.

G.A.: Llegar al corazón del espectador…

K.S.: Exactamente y a la cabeza del espectador, por que no. Ahí comenzamos con un criterio diferente, con más tiempo, ya no me fui a los dos años ni me echaron a los tres, ni nada por el estilo, sino que veía un panorama por delante muy largo, y algunos finalmente aceptaron que me tenían que apoyar a mí.

Entonces comenzaron a aparecer algunas grandes ideas para ser llevadas al escenario, algunas ideas que un grupo de personas habíamos manejado siempre, por lo cual también terminamos formando un equipo, con sus variantes, pero equipo al fin. Tratábamos de hacer lo más racional posible nuestro trabajo, sobre la irracionalidad que necesariamente debería tener la actividad teatral en general, entonces comenzaron a aparecer cosas.

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