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Rubens Correa

“Los mitos tienen algo que nos pertenece a todos”

Por NORA PATRICIA NARDO y LUIS RAÚL CALVO

Generación Abierta tuvo la posibilidad de entrevistar al destacado director teatral Rubens Correa, con quien compartimos un recorrido de su vida por el teatro, sus vivencias, sus alegrías y también sus pesares, un ser comprometido fielmente  con su tiempo y con su obra.

G.A.: ¿Cómo se produce su acercamiento al arte?
R.C.: No sé  bien cómo, comencé de adolescente interesándome por la literatura y la plástica. Me gustaba dibujar, escribir poemas. En esa época era estudiante y pensaba seguir Ingeniería. En 1951 vine a Buenos Aires con la idea de hacer el ingreso a la carrerar y fui a parar a una pensión en la calle Talcahuano entre Corrientes y Lavalle, ahí  descubrí que existía el teatro . En el interior del país  nunca había visto teatro.

G.A.: ¿Sigue pasando esto en algunos lugares del interior?
R.C.: Ahora hay un poco más de difusión pero igual…
Continuando, les comento que comencé siendo espectador de teatro, iba muchísimo al teatro porque me gustaba. Vi a casi todos los actores de esa época. Recuerdo a los primeros actores que vi que actuaban a la vuelta de casa: Serrano, Elena Lucena, Lola Membrívez, Discepolín.  Iba también mucho al teatro independiente. Después intenté retomar la universidad y comencé abogacía y deje… comencé letras y dejé… Ahí decidí que no iba a estudiar y me volví a Azul de donde había venido. Yo nací en Olavarría.

G.A.: ¿Cómo transcurrió su vida en esa época?
R.C.: Sacamos una Revista en Azul y seguía con la idea del Teatro. Comencé a trabajar en la radio en un programa de poesía y me ofrecieron ser locutor en la radio. Justo cayó una compañía de radio teatro a la radio y me ofrecieron trabajar ahí. Empecé entonces a hacer radioteatro en la radio como se hacía en esa época, en la radio y con giras en los pueblos.

G.A.: ¿De qué año estamos hablando?

R.C.: Estamos hablando del año 1954, ahí comencé a hacer teatro. Armamos un grupo de teatro llamado “Teatro Popular Horizonte” en un Centro Cultural que se llamaba “Horizonte”  y vine a Nuevo Teatro y les comenté de lo que estábamos haciendo, y nadie sabía nada. Les pregunté si nos podían ayudar de alguna manera y nos mandaron a un director de teatro joven, que estaba en el grupo de Nuevo Teatro que estaba formado por Alejandra Boero y Pedro Asquini. Este director se llamaba David Lang. Vino y dirigió dos obras allá y volvía  cada quince días, mientras tanto yo me quedaba a cargo de la dirección hasta que el volvía. Este grupo duró un año y pico y se disolvió. Yo quería seguir con el teatro y me vine a Buenos Aires y entré a  Nuevo Teatro, estuve desde 1957 hasta que se cerró en 1970.

G.A.: ¿Qué representó para usted esta experiencia en Nuevo Teatro?
R.C.: Y todo, fue uno de los grupos importantes del movimiento de teatro independiente. En estos grupos en esa época uno no era actor, era de todo, allí me hice hombre de teatro, limpiábamos, ensayábamos, hacíamos escuela, actuábamos, organizábamos y hacíamos todo. Allí aprendí carpintería, electricidad, a coser, a pintar y todo lo vinculado al Teatro.
La televisión se empezó a llevar a mucha gente importante del teatro independiente, éste era enemigo declarado de la televisión.
Así es que acosados por los deudas tuvimos que vender el Lorange que era el lugar donde trabajábamos, fue una gran decepción porque allí terminó la historia de Nuevo Teatro,  a partir de ahí estuve un tiempo perdido, un año que no sabía que hacer.

G.A.: Un momento difícil en su carrera…
R.C.: Claro, yo había comenzado a dirigir algunas cosas en el interior del país. El director de uno de los grupos de allá, Carlos Trigo me llamó para que los ayudara. Era un grupo que se iba de gira. Se  fueron nomás pero terminó disolviéndose en Estados Unidos. Trigo se quedó en Puerto Rico, otros se volvieron y los que quedaron allá que querían seguir con la gira me llamaron para ver si quería ir a dirigir al grupo. Es así que acepté  y estuvimos de gira cuatro años desde 1971 a 1975. Fue una etapa muy importante, fuimos a Europa  y otros países de América con un reconocimiento muy  valioso para todos nosotros.
En 1974, 1975,  una  parte del grupo se quería volver y otra parte se quería quedar. Uno de los que se quería volver era yo porque estaba muchos años de extranjero y sentía como un vaciamiento interno muy grande. Como experiencia fue maravillosa y acá nos volvimos a una cosa muy incierta. Ya en el 75 estaba actuando la Triple A y todos esas cosas, así que algunos nos vinimos y otros se quedaron. Evidentemente vinimos en un muy mal momento.

G.A.: En el momento previo al quiebre  de la democracia…
R.C.: Si, un desastre, en el 76  me salvé raspando de desaparecer, porque vino a casa -yo no estaba- un grupo parapolicial. Debe haber sido porque recibía muchas cartas desde el exterior, porque estaba en la libreta de alguien.

G.A.: ¿No estaba trabajando en ese momento?
R.C.: No, en ese momento no. Había venido hacía poco, estaba dando clases y preparando una obra. Luego al tiempo comencé a trabajar como actor haciendo “El Proceso” de Kafka que dirigió Raúl Serrano, un espectáculo que en ese  momento fue muy interesante.También comencé a dirigir. En 1980, en plena dictadura hicimos “Los siete Locos” de Roberto Arlt, un espectáculo que conmocionó bastante, con 55 actores en escena, en esa época era un hecho totalmente atípico.
Luego en 1981 hice Teatro Abierto, allí  actuaba, dirigía, pero cada vez actuaba menos, lo último que hice como actor fue en 1991.
Desde esa época sigo trabajando como director y como profesor.

G.A.: En algún lugar leímos que le preocupaba la poca permanencia de los grupos de teatro…
R.C.: Yo vengo de una historia de grupos. Creo que el grupo es un elemento fundamental porque acumula experiencia. Cuando un grupo permanece un tiempo aparece una personalidad teatral que le da un perfil definido. En la Ciudad de Buenos Aires no sé por qué, pero cuesta mucho mantener un grupo. Bueno, venimos de una gran crisis de individualismo de la década del ’90, que afectó mucho.

G.A.: ¿Piensa que esta situación puede mejorar?
R.C.: Si, creo que hay una recuperación de determinadas cosas, la necesidad de ser solidario con un otro, el poder hacer algo junto con él, son cosas que comienzan a verse  de a poquito.

G.A.: ¿Cómo analiza usted el tema de los mitos?
R.C.:
Bueno, los mitos resumen una sabiduría y sintetizan algo que tiene que ver con fuerzas que están en el hombre desde siempre. Todos los mitos tienen algo que nos pertenece  a todos. Nuestros mitos son como esencias culturales. Los mitos resumen algo que tiene que ver con  valores eternos o fundamentales de una cultura.

G.A.: ¿Cómo elige una obra?
R.C.:
 A mí me gusta mucho el mundo interior que tiene una obra y la estética es una resultante de ese encuentro entre el texto con el grupo de gente que lo va a representar. Uno, una obra la elige por razones muy subjetivas siempre, porque a uno le pega desde algún lugar en lo personal o porque uno se ve reflejado en algo.

 
G.A.: ¿Cómo se siente  en la función pública?
R.C.:
 Si, como Director del Teatro Nacional Cervantes. Estuve antes en la función pública siendo Director del Instituto Nacional del Teatro en la época de la Alianza, cuando se crearon muchas expectativas pero al final…
Hay una parte que no me gusta que tiene que ver con toda la burocracia. Pero estar en el Teatro Nacional Cervantes…. Primero que es nuestro único Teatro Nacional y segundo que es un lugar fantástico, tiene todo para producir, se pueden hacer cosas. Tiene talleres y profesionales aptos como el Teatro Colón.

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