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Luis Alberto Spinetta

Nuestra Reverencia a un Poeta Galáctico

Por PATRICIO FERNÁNDEZ

El viaje al universo fantástico tuvo su despegue en el bajo Belgrano, su piloto, un adolescente de  17 años, su nombre Luis  Alberto Spinetta. Los compañeros de tripulación, tres jóvenes provistos de talento y como única defensa que los inmunice de los peligros una  guitarra, un bajo y  una batería.
¿Quién iba a dudar en subirse a aquella  aventura? ¿quién  en sumarse a una nave, que si bien no  tenían muy claro como terminaría su errante  viaje, los transportaría a un mundo del que nunca más desearon regresar?, el acontecimiento  tuvo lugar en el año 1969.
Así  surge Almendra, con este intrépido piloto que  invitó a una generación a sacar boleto de ida sin saber la fecha de regreso.
Nos deslumbró, con una Muchacha Ojos de Papel, con un Fermín, nos  hizo pensar en la injusticia de los hospicios y en una Plegaria a un Niño Dormido acerca del sufrimiento, de las hostilidades del mundo, donde el flaco clamaba que no despertase, que siga destruyendo trapos de lustrar, alejándose de todo el mal.
Claro, ¿quién podría ser el audaz de querer descender de aquel genial periplo? Quién podría negarse a dejarse seducir por un mundo que nos revelaba  sus denuncias transformadas en prosas poéticas y sus proclamas de cambio por un mundo más justo.
Todos se querían sumar y mi generación lo hizo, yo no fui la excepción.
Mi boleto lo saqué a mediados de los setenta, cuando él ya era un ser adorable y admirado por toda una tribu de melenudos que padecían  la persecución de los uniformados y que más de una noche dormían en las seccionales.
Me detengo en mi adolescencia, donde se produce una ruptura inesperada, aparece  este formidable ser con un sin fin de preguntas y visiones cósmicas, realistas, nada me  cobijaba más que sumergirme en su mundo, los Spinettasoides seducíamos apostando a su visión,   con esas diferencias nos sentíamos orgullosos de formar parte del planeta que el flaco había construido.
Debo confesar que por más amplio que resulte y considere  mi abanico musical,  me reconozco como un  Spinattasoide,  un devoto más de su música, como un gladiador a las ordenes de cada nuevo disco. 
Quienes crecimos venerando su obra sabrán comprender lo que significa la pérdida de un artista de raza.
Su arte es y será un antídoto contra todos los males del mundo, Spinetta  nos ayudaba a ver la vida  menos hostil y más poética. Fue  el artista que más nos acercó al universo literario, el que  nos invitó a darnos una vuelta, aunque más no sea a las bibliotecas y dejar de lado los amados  vinilos.
Como  consuelo nos quedan sus letras, sus obras, su relevante música. El valor del flaco radicaba ahí donde los otros no llegaban, en la inventiva de un riff,  o  una melodía acorde a su sobresaliente  prosa.
Como tantos otros, jamás me bajé de una nave convulsionada, prolijamente desordenada que resultó ser el viaje con  Pescado Rabioso; donde había lugar para descubrir a un Spinetta que no era sólo un joven que se manifestaba de manera romántica y con  voz dulce, sino que también mostró su enfado, su parte más irracional musicalmente hablando. Claro, cada uno lo hace de la manera que mejor puede y él lo plasmó en composiciones filosas y guitarras estridentes, nos hizo saber que un genio también tiene su parte de locura, sellaba su amor por Cris de forma incondicional, en donde paradójicamente proclamaba su olvido, y se post crucificaba proclamando su rendición  y hasta hacia mención de un terrible monstruo  que nos amenazaba en la laguna. Pescado resultó ser todo un manifiesto de furia en donde el primer viaje se llamó elocuentemente  DESATORMENTÁNDONOS.
El fin de este trayecto  lo catapultó  al mundo surrealista de Antonin Artaud.
Gracias a su obra queda en nuestro haber el acercamiento a otras disciplinas del arte, le debemos las lecturas y el descubrimiento del escritor francés.
Fue el responsable de involucrarnos en el mundo de Van Gogh, fuimos lectores de Cartas a Theo y fue ahí donde develamos el significado de la Cantata de Puentes Amarillos y nos devoramos Van Goh El suicidado por la sociedad.
El disco Artaud es considerado para los amantes del rock, vernáculo, una suerte de Biblia elaborada en forma de disco.
Invisible resultó ser un pasaporte al universo más poético de Spinetta, a un mundo más metafórico, esto  no opacó su creación anterior, sin embargo  fue algo así como un viaje hacia el encuentro de un mundo plasmado de caminos literariamente absurdos.
Viajamos con la Azafata del tren fantasma, nos remontamos en una nave de fibra soportando la angustia de la soledad. Nos empecinamos  en querer comprender hacia donde iba cuando compuso Los libros de la buena memoria, pese a las infinitas conjeturas, jamás lo logramos, pero los Spinettosoides sabíamos que era el  sello de su increíble  vuelo lírico. En síntesis, quedamos fascinados al ser  invitados a ese maravilloso Jardín de los presentes.
Quizás comprendimos un poco más la era Invisible acercándonos a Castañeda y sus Enseñanzas de Don Juan, un libro  que revela parte de su obra.
Su discografía fue un  elemento detonante de apertura a mundos dispares y a la vez coherentes.
Uno lo disfrutaba más, sin la obsesión pretenciosa de querer revelar y comprender cada una de sus canciones, pero el interrogante estaba ahí presente.
Nos preguntábamos  como el Flaco  logró escribir canciones tan ilustradas como  Barro, tal vez   en su incipiente adolescencia. Jamás dejó de sorprendernos, creo que aún nada de eso se ha modificado.
Continuará intacta la figura de un artista lúcido, prematuro a su corta edad. Significó  siempre una suerte de gurú, inmaculado arriba y abajo de los escenarios.
Los que crecimos con  su música nos resulta difícil su ausencia. Nos llevará tiempo asumir la pérdida de un músico irremplazable,  comprometido y coherente como pocos.
Los Spinettosoides sabemos que ya nada será igual. Nos sentiremos un poco huérfanos, se fue quien nos ayudaba a ver el mundo con la imagen  que él mismo se encargó de gestarnos, definitivamente nos sentiremos un poco abandonados,  flaco te extrañaremos.

 

Cantata de puentes amarillos

Todo camino puede andar
todo puede andar…
Con esta sangre alrededor
no sé que puedo yo mirar
la sangre ríe idiota
como esta canción
¿ante qué?

Ensucien sus manos como siempre
relojes se pudren en sus mentes ya

y en el mar naufragó
una balsa que nunca zarpó
mar aquí, mar allá

En un momento vas a ver
que ya es la hora de volver
pero trayendo a casa todo aquél
fulgor
¿y para quién?

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover

sube al taxi, nena
los hombres te miran
te quieren tomar
ojo el ramo, nena
las flores se caen, tienes que parar
Vi las sonrisas muriendo en el
carrousell
vi tantos monos, nidos, platos de
café
platos de café, ah

Guarda el hilo, nena
guarden bien tus manos
esta libertad
ya no poses, nena
todo eso es en vano
como no dormir

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue mejor
mañana es mejor
aquellas sombras del camino azul
¿dónde están?
yo las comparo con cipreses que ví
sólo en sueños
y las muñecas tan sangrantes
están de llorar
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar

¡No! nunca la abandones
¡no! puentes amarillos
mira el pájaro, se muere en su jaula
¡no! nunca la abandones
puentes amarillos, se muere en su jaula
mira el pájaro, puentes amarillos
hoy te amo ya
y ya es mañana
mañana
mañana
mañana 

Luis Alberto Spinetta
(Incluido en el álbum  Artaud)

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